Publicada originalmente en las páginas de la mítica revista *Hum®* a mediados de los años 80, *Florida Garden* representa una de las colaboraciones más singulares y potentes de la historieta argentina de autor. La obra une el talento literario del polémico y mordaz Dalmiro Sáenz con la maestría visual de Oswall (Osvaldo Viola), creando un fresco urbano que trasciende la mera anécdota para convertirse en un estudio antropológico de la fauna porteña de la época.
El escenario central, que da nombre a la obra, es el emblemático café Florida Garden, situado en la intersección de las calles Florida y Paraguay, en el corazón de Buenos Aires. En este espacio, que funciona como un microcosmos de la sociedad argentina de la posdictadura, se cruzan personajes de toda índole: intelectuales en decadencia, buscavidas, oficinistas, mujeres sofisticadas y filósofos de café. La narrativa no busca una trama lineal de aventuras o un conflicto de género tradicional, sino que se estructura a través de viñetas de la vida cotidiana, diálogos cargados de cinismo y reflexiones existenciales que surgen entre el humo del tabaco y el aroma del café.
Dalmiro Sáenz traslada su estilo literario —directo, provocador y despojado de eufemismos— al lenguaje del noveno arte. Sus guiones se centran en la observación aguda y el comentario social. A través de los ojos de un narrador que a menudo parece un observador imparcial, pero profundamente desencantado, la obra disecciona las hipocresías de la clase media, las obsesiones sexuales, el miedo a la soledad y la alienación inherente a la vida en la gran ciudad. No hay héroes en *Florida Garden*; hay sobrevivientes de una realidad que a menudo resulta absurda, cruel o simplemente tediosa.
El apartado gráfico de Oswall es fundamental para establecer la atmósfera de la obra. Su estilo, caracterizado por un uso magistral del claroscuro y un detallismo que roza lo expresionista sin perder el realismo, captura perfectamente la "decadencia elegante" del café y la tensión de las calles de Buenos Aires. Oswall logra que el lector sienta el encierro del local y la vastedad ruidosa de la calle Florida. Sus rostros son mapas de experiencias; cada arruga, cada mirada perdida y cada gesto refuerzan el tono melancólico y, a veces, sórdido de los relatos de Sáenz. La técnica de Oswall, con sus tramas manuales y su manejo de las sombras, dota a la obra de una textura casi táctil, muy propia de la estética de la historieta adulta que floreció en revistas como *Fierro* o la propia *Hum®*.
La obra se inserta en una tradición de histori