Dentro del vasto panorama de los cómics de los años 90, 'Firearm' destaca como una de las propuestas más sólidas, maduras y distintivas del sello Ultraverse de Malibu Comics. Creada por el guionista James Robinson (quien más tarde alcanzaría la gloria con *Starman*), esta serie se aleja de los tropos convencionales del género de superhéroes para adentrarse en los terrenos del *noir*, el thriller de espionaje y el drama procedimental, ofreciendo una perspectiva única sobre un mundo poblado por seres con habilidades extraordinarias.
La historia se centra en Alec Swan, un hombre que personifica el arquetipo del detective privado curtido por la vida, pero con un trasfondo mucho más complejo. Swan es un ex-agente de la inteligencia británica (específicamente del MI6) que, tras años de servicio en operaciones encubiertas y situaciones moralmente ambiguas, decide retirarse y establecerse en Pasadena, California. Su intención es llevar una vida tranquila como investigador privado, pero el destino tiene otros planes. En el contexto del Ultraverse, el mundo está experimentando la aparición repentina de los "Ultras" (seres con superpoderes), y Swan se convierte, casi por necesidad, en el especialista al que acudir cuando estos seres se ven involucrados en crímenes o conspiraciones.
Lo que define a 'Firearm' no es la presencia de poderes, sino la ausencia de ellos en su protagonista. Alec Swan es un hombre común en términos biológicos, pero posee una mente táctica brillante, una voluntad de hierro y una experiencia en combate que lo sitúa por encima de la media. Sin embargo, su mayor activo es el que da nombre a la serie: el Firearm. No se trata de una pistola convencional, sino de un arma de fuego experimental de alta tecnología, extremadamente potente y versátil, diseñada originalmente para enfrentarse a amenazas que superan la capacidad humana. Esta arma es tanto una herramienta de supervivencia como un símbolo de la resistencia humana frente a lo desconocido.
La narrativa de James Robinson es el corazón de la obra. Utilizando una prosa densa y reflexiva, a menudo apoyada en cuadros de texto que recogen los monólogos internos de Swan, Robinson construye una atmósfera de novela negra clásica. Swan no ve a los Ultras con asombro o admiración; los ve como problemas potenciales, como variables peligrosas en un tablero de ajedrez que él debe aprender a controlar. La serie explora temas como la obsolescencia del espionaje tradicional en un mundo de semidioses, la ética de la vigilancia y el peso del pasado.
A nivel visual, el cómic contó con el talento de artistas como Cully Hamner, cuyo estilo limpio pero detallado y su excelente narrativa visual complementaron perfectamente el tono realista y descarnado de los guiones. La estética huye de los colores chillones y las anatomías imposibles de la época, optando por una puesta en escena cinematográfica, donde las sombras y la composición de página refuerzan la sensación de peligro constante.
La estructura de 'Firearm' suele basarse en casos individuales que, poco a poco, van tejiendo una red de conspiraciones más amplia. Swan se ve envuelto en tramas que involucran a corporaciones corruptas, agencias gubernamentales con agendas ocultas y otros Ultras que no siempre encajan en el molde de héroe o villano. A diferencia de otros títulos de su tiempo, aquí las soluciones no siempre llegan a través de una gran batalla final, sino mediante la deducción, el engaño y el uso preciso de la fuerza.
En resumen, 'Firearm' es una deconstrucción del género desde la periferia. Es la crónica de un hombre que se niega a ser irrelevante en un mundo que ha cambiado las reglas del juego. Para Alec Swan, ser un "Ultra" no es una bendición, sino una complicación, y su trabajo es asegurarse de que, sin importar cuántos poderes tenga alguien, nadie esté por encima de la ley o de una bala bien colocada. Es una lectura esencial para quienes buscan un cómic inteligente, con personajes tridimensionales y una atmósfera que perdura mucho después de cerrar el ejemplar.