Feroces

Feroces, la obra escrita por Gregorio Muro Harriet y dibujada por Alex Macho, se erige como uno de los exponentes más sólidos del cómic histórico contemporáneo de factura española, siguiendo la estela de la tradición de la *bande dessinée* franco-belga de alta calidad. Publicada por Harriet Ediciones, esta novela gráfica no es solo un relato de aventuras, sino una inmersión cruda y meticulosa en un periodo convulso y a menudo olvidado por la ficción popular: la Guerra de los Siete Años en el territorio de la Nueva Francia (el actual Canadá) a mediados del siglo XVIII.

La trama nos sitúa en la década de 1750, un momento en el que las potencias coloniales de Francia y Gran Bretaña se disputan el control absoluto de América del Norte. En este escenario de fronteras difusas y naturaleza implacable, la historia sigue los pasos de un grupo de hombres de origen vasco que, huyendo de un destino incierto en Europa o buscando fortuna en la pesca del bacalao y la caza de ballenas, terminan enrolados en las filas de las tropas coloniales francesas, específicamente en las *Compagnies Franches de la Marine*.

El protagonista central, Joanes, personifica la transición del hombre civilizado al combatiente endurecido. A través de su mirada, el lector es testigo de cómo el conflicto escala desde escaramuzas fronterizas hasta una guerra total que involucra no solo a los ejércitos regulares, sino también a las milicias locales y, de manera crucial, a las naciones indígenas. El título, Feroces, no es gratuito; hace referencia a la pérdida de la humanidad y a la adopción de una brutalidad necesaria para sobrevivir en un entorno donde las reglas de la guerra europea —basadas en formaciones rígidas y códigos de honor aristocráticos— resultan inútiles frente a la "petite guerre" o guerra de guerrillas en los bosques profundos.

El guion de Muro Harriet destaca por su rigor documental. No se limita a presentar una dicotomía de buenos contra malos, sino que explora las zonas grises de la colonización. Se detalla con precisión la compleja red de alianzas entre los europeos y las tribus nativas (como los hurones o los iroqueses), mostrando cómo estas naciones indígenas fueron piezas estratégicas, pero también víctimas de un juego geopolítico ajeno. La narrativa es densa y pausada cuando es necesario contextualizar, pero se vuelve vertiginosa y violenta en las secuencias de acción, reflejando la imprevisibilidad de la vida en la frontera.

En el apartado visual, Alex Macho realiza un trabajo excepcional que eleva la obra a niveles de excelencia internacional. Su dibujo se caracteriza por un realismo detallista que se aprecia en la reproducción de los uniformes, el armamento de la época y la arquitectura de los fuertes coloniales. Sin embargo, es en la representación de la naturaleza donde el arte de Macho brilla con especial intensidad. Los bosques nevados, los ríos caudalosos y la atmósfera opresiva de la espesura canadiense se convierten en un personaje más, transmitiendo al lector el frío, la humedad y el aislamiento de los protagonistas. El color, aplicado con una paleta que oscila entre los tonos terrosos y los azules gélidos, refuerza esta inmersión sensorial.

Feroces es, en definitiva, una crónica sobre la supervivencia y la degradación moral en tiempos de guerra. La obra evita los romanticismos habituales del género para centrarse en la suciedad, el miedo y la ferocidad que da nombre al tomo. Es un cómic que exige una lectura atenta para apreciar los matices de su trama política y la profundidad de sus personajes, quienes se ven obligados a decidir si conservar su integridad o convertirse en los monstruos que el conflicto demanda. Para el lector interesado en la historia militar, la antropología cultural del siglo XVIII o simplemente en una narrativa de aventuras adulta y descarnada, este título representa una pieza imprescindible en la biblioteca del cómic europeo actual.

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