Fern: Negocios son Negocios – Cacería representa una de las cumbres narrativas dentro de la trayectoria de Fernando Calvi, una figura fundamental del cómic argentino contemporáneo. Esta obra se inscribe en la tradición del *hardboiled* y el *noir* más descarnado, pero lo hace a través de un prisma visual único que subvierte las expectativas del género. El protagonista, Fern, es un zorro antropomórfico que opera como asesino a sueldo en un entorno urbano que oscila entre el realismo sucio y la abstracción onírica. En este volumen específico, la premisa de que "los negocios son negocios" se lleva hasta sus últimas consecuencias, explorando la delgada línea que separa al cazador de su presa.
La trama de *Cacería* se aleja de los tropos heroicos para sumergirse en la logística y la ética profesional de la violencia. Fern no es un justiciero ni un antihéroe con un corazón de oro; es un técnico de la muerte, un profesional que entiende el asesinato como una transacción comercial desprovista de carga moral, hasta que la propia naturaleza del encargo empieza a desmoronarse. La narrativa se construye sobre un encargo aparentemente rutinario que, por azares del destino o errores de cálculo, se transforma en una persecución frenética a través de una ciudad que parece devorar a sus habitantes.
Desde una perspectiva técnica, el guion de Calvi destaca por su economía de palabras. El autor confía plenamente en la capacidad del lenguaje secuencial para transmitir la tensión. Los diálogos son cortantes, precisos y cargados de un cinismo que define la atmósfera de la obra. No hay espacio para la introspección innecesaria; las motivaciones de los personajes se revelan a través de sus acciones y de su capacidad de reacción ante el caos. En *Cacería*, el ritmo es implacable. La estructura de la historia imita el movimiento de una bala: una vez que se aprieta el gatillo, no hay forma de detener el impacto, y el lector es arrastrado por esa inercia violenta.
El apartado visual es, sin duda, el elemento más distintivo de la obra. Calvi utiliza un estilo de dibujo que rompe con el canon del cómic policial clásico. A pesar de la oscuridad del tema, el trazo es expresivo, casi caricaturesco en ciertos momentos, lo que genera un contraste inquietante con la brutalidad de los hechos narrados. El uso de las sombras y el contraste en blanco y negro (o bitono, según la edición) no solo sirve para ambientar los callejones y los bajos fondos, sino que funciona como una herramienta psicológica que fragmenta la realidad de los personajes. La composición de las viñetas en este arco de *Cacería* es particularmente dinámica, utilizando ángulos cinematográficos que acentúan la sensación de encierro y urgencia.
El concepto de "negocios" en el título no es baladí. La obra disecciona un submundo donde todo tiene un precio y donde la lealtad es una moneda de cambio devaluada. Fern se mueve en este ecosistema con una eficiencia gélida, pero *Cacería* lo pone a prueba al enfrentarlo a situaciones donde sus habilidades tácticas no son suficientes para compensar la imprevisibilidad del factor humano. La historia evita caer en el maniqueísmo; aquí no hay buenos ni malos, solo profesionales intentando sobrevivir a sus propias decisiones en un mundo que ha renunciado a la compasión.
En conclusión, *Fern: Negocios son Negocios – Cacería* es un ejercicio de estilo y narrativa criminal que consolida a su protagonista como uno de los personajes más fascinantes del cómic independiente. Es una obra que exige una lectura atenta a los detalles visuales y que recompensa al lector con una experiencia visceral. Sin necesidad de recurrir a giros argumentales tramposos, Calvi logra mantener la tensión mediante una ejecución técnica impecable, demostrando que, en el mundo de Fern, la única regla que importa es terminar el trabajo, cueste lo que cueste. Es una pieza esencial para entender la evolución del género negro en la historieta actual, despojada de adornos y centrada en la pureza del conflicto y la persecución.