*Fell*, publicada originalmente por Image Comics a partir de 2005, es una de las obras más singulares y magnéticas del cómic contemporáneo. Fruto de la colaboración entre el guionista Warren Ellis y el artista Ben Templesmith, la serie se presenta como un ejercicio de minimalismo narrativo y experimentación formal que redefine el género policial bajo una lente de realismo sucio y atmósfera pesadillesca.
La trama sigue al detective Richard Fell, quien es trasladado desde una gran metrópolis —donde aparentemente cometió un error profesional o ético que nunca se detalla del todo— hacia Snowtown. Este lugar no es simplemente un distrito periférico; es una zona de exclusión urbana, un entorno degradado y empobrecido que parece haber sido olvidado por la mano de Dios y por el presupuesto estatal. Snowtown es un personaje en sí mismo: una ciudad que supura desesperanza, donde la infraestructura se cae a pedazos y sus habitantes sobreviven en un estado de anomia constante.
Richard Fell llega a este entorno como un extraño absoluto. Es un hombre de aspecto pulcro, inteligencia afilada y una capacidad de observación casi sobrenatural, lo que crea un contraste inmediato con la fealdad de su nuevo destino. Su misión es simple pero titánica: ejercer como detective de homicidios en una comisaría bajo mínimos, donde los recursos son inexistentes y la criminalidad es la norma, no la excepción. A través de sus ojos, el lector se adentra en una serie de casos que, aunque a menudo autoconclusivos, construyen un mosaico de la decadencia humana.
Uno de los pilares que convierte a *Fell* en una obra de culto es su formato innovador. Warren Ellis concibió la serie como un experimento para ofrecer cómics más económicos y densos. Cada número consta de solo 16 páginas de historia, en lugar de las 22 o 24 habituales. Para compensar esta brevedad, Ellis y Templesmith emplean de manera magistral la cuadrícula de nueve viñetas por página. Esta estructura permite una narrativa extremadamente comprimida, obligando al lector a procesar una gran cantidad de información visual y textual en cada plancha. El resultado es una lectura intensa, rítmica y claustrofóbica que aprovecha al máximo el lenguaje secuencial.
El apartado visual de Ben Templesmith es fundamental para