Fanhunter: Star Hounds – La Odisea Espacial de la Resistencia Narizona
Para entender *Fanhunter: Star Hounds*, primero debemos situarnos en el particular universo creado por Cels Piñol, un ecosistema narrativo que es, a la vez, una carta de amor y una sátira mordaz hacia la cultura popular. En el mundo de *Fanhunter*, el villano Alejo Cuervo —un antiguo librero demente que cree ser la reencarnación del Papa— ha conquistado Europa, instaurando un régimen teocrático y dictatorial desde Barnacity (una Barcelona distópica). Su ley es absoluta: toda forma de subcultura, desde los cómics y los juegos de rol hasta el cine de ciencia ficción y la literatura de terror, está prohibida. Los "Fanhunters", sus tropas de choque, persiguen a los fans para exterminarlos. Sin embargo, la Resistencia lucha por preservar el legado de la imaginación.
Si bien la mayoría de las historias de *Fanhunter* se desarrollan en los callejones oscuros y los búnkeres de Barnacity, *Star Hounds* expande este conflicto hacia la frontera final: el espacio exterior. Esta obra no es solo un cómic; es la incursión definitiva de la "Resistencia Narizona" en el género de la *Space Opera*, parodiando con maestría y cariño franquicias legendarias como *Star Wars*, *Star Trek*, *Battlestar Galactica* y *Aliens*.
La trama de *Star Hounds* nos presenta a una unidad de élite —o lo más parecido a ello que la Resistencia puede permitirse— cuya misión es llevar la lucha contra el Papa Alejo I más allá de la estratosfera. En un futuro donde la humanidad (y los fans supervivientes) ha comenzado a mirar a las estrellas, los Star Hounds operan como una fuerza de incursión espacial. Su objetivo es doble: por un lado, sabotear las estaciones orbitales y la flota de "Tintinavants" de la Iglesia de Dick (la religión oficial de Alejo); por otro, recuperar reliquias sagradas del "pasado geek" que han sido lanzadas al espacio o escondidas en bases lunares para evitar su destrucción.
Lo que hace que *Star Hounds* destaque dentro de la bibliografía de Piñol es su escala. Aquí, el estilo "narizón" característico del autor se pone al servicio de batallas épicas entre cruceros espaciales que parecen maquetas de modelismo mal montadas, pero que poseen un carisma arrollador. El diseño de producción del cómic es una delicia para el lector veterano: cada viñeta está plagada de "Easter eggs" y referencias visuales. Puedes encontrar un caza que recuerda sospechosamente a un X-Wing, o uniformes que evocan la sobriedad de la Flota Estelar, todo pasado por el tamiz del humor absurdo y la épica de barrio.
El tono de la obra mantiene ese equilibrio precario pero efectivo entre la comedia de bofetada y el drama bélico. A pesar de los diseños caricaturescos, el lector siente el peligro real que corren los protagonistas. Los Star Hounds son personajes que, a pesar de su incompetencia ocasional y su obsesión por las estadísticas de los juegos de rol, están dispuestos a morir por defender el derecho a leer un cómic de *Spider-Man* o a ver una película de John Carpenter. Es una metáfora sobre la libertad de expresión llevada al extremo del delirio intergaláctico.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia, la narrativa nos lleva a través de nebulosas de caos y encuentros con entidades que desafían la lógica fanática. La estructura es dinámica, con un ritmo cinematográfico que demuestra la evolución de Cels Piñol como narrador. Ya no se trata solo de chistes internos para lectores de fanzines; *Star Hounds* es una aventura completa que funciona como puerta de entrada al universo *Fanhunter* para aquellos que prefieren el láser y el vacío estelar frente al asfalto de la ciudad.
En conclusión, *Fanhunter: Star Hounds* es una pieza fundamental del cómic español de los años 90 y principios de los 2000. Representa el momento en que la "subcultura" dejó de esconderse en sótanos para reclamar su lugar en las estrellas. Es una lectura obligatoria para cualquiera que alguna vez se haya sentido un extraño por amar historias de mundos lejanos, recordándonos que, incluso en la inmensidad del espacio, siempre habrá un fan dispuesto a plantar cara a la tiranía con un dado de veinte caras en una mano y un bláster en la otra. Prepare su salto al hiperespacio, porque en el universo de los Star Hounds, nadie puede oír tus carcajadas… pero todos verán tu resistencia.