Fanhunter: La Batalla de Montjuïc – La Epopeya Definitiva de los Narizones
En el vasto y a menudo irreverente panorama del cómic español, existe un hito que transformó la cultura "geek" en un movimiento de resistencia épico y desternillante. Hablamos de *Fanhunter*, la creación máxima de Cels Piñol, y más concretamente de uno de sus episodios más emblemáticos y grandiosos: *La batalla de Montjuïc*. Para entender la magnitud de esta obra, primero debemos situarnos en la distópica y caótica Barnacity.
La premisa de *Fanhunter* es tan absurda como genial. En un futuro cercano (que para nosotros ya es pasado, situándonos en la década de los 90), Alejo Cuervo, el dueño de la librería de culto Gigamesh, pierde el juicio, se autoproclama Papa Alejo I y conquista Europa. Su primera medida dictatorial es prohibir cualquier forma de subcultura que no sea de su agrado personal: cómics, películas de ciencia ficción, juegos de rol, literatura fantástica y música que no sea de su devoción. Los "fans" de estos géneros son perseguidos por los Fanhunters, tropas de choque implacables, y obligados a vivir en la clandestinidad.
*La batalla de Montjuïc* se erige como el clímax de esta lucha por la libertad de soñar. La montaña de Montjuïc, ese pulmón verde de Barcelona cargado de historia, se convierte en el escenario de una confrontación bélica sin precedentes que bebe directamente de las grandes epopeyas cinematográficas como *Star Wars* o *El Señor de los Anillos*, pero filtrada por el tamiz del humor cañí y la parodia más afilada.
La sinopsis nos sitúa en un momento crítico para la Resistencia. Los depósitos de material prohibido —cómics descatalogados, figuras de acción y cintas de VHS— están en peligro, y el Papa Alejo I ha decidido lanzar una ofensiva final para erradicar el último foco de rebeldía en la ciudad. Los protagonistas, un grupo heterogéneo de supervivientes conocidos como los "Narizones" (debido al icónico estilo de dibujo de Piñol, caracterizado por personajes de trazo sencillo y enormes narices), deben unirse para defender su derecho a la imaginación.
Lo que hace que esta obra sea excepcional es su capacidad para mezclar la épica militar con el "fan-service" más inteligente. En las faldas de Montjuïc, veremos converger a tribus urbanas de todo tipo: desde jugadores de rol que usan sus dados de veinte caras como armas, hasta expertos en artes marciales que emulan a sus héroes del anime. La batalla no es solo un intercambio de disparos de bláster y explosiones de "pichurrinis" (la energía mística del universo Fanhunter); es un desfile constante de referencias culturales. Cada viñeta es un juego para el lector, un desafío para identificar cameos de personajes de Marvel, DC, *Star Trek* o la literatura de Lovecraft.
El guion de Cels Piñol en este tomo alcanza una madurez narrativa sorprendente dentro de su tono gamberro. A pesar del humor constante y las situaciones surrealistas, el lector llega a sentir el peso de la batalla. Hay una sensación real de peligro y una camaradería que resuena con cualquiera que alguna vez se haya sentido un "outsider" por sus aficiones. La montaña de Montjuïc se transforma en un laberinto de trincheras donde la estrategia militar se mezcla con el caos absoluto de una convención de cómics que ha salido terriblemente mal.
Visualmente, *La batalla de Montjuïc* es el triunfo del estilo "narizón". Aunque pueda parecer simple a primera vista, la habilidad de Piñol para coreografiar batallas multitudinarias con cientos de personajes en pantalla es prodigiosa. La narrativa visual es dinámica, acelerada y llena de detalles ocultos que exigen múltiples relecturas.
En conclusión, *Fanhunter: La batalla de Montjuïc* no es solo un cómic de humor; es un manifiesto sobre la importancia de la cultura popular y el derecho a la identidad frente a la imposición de la monotonía. Es una obra imprescindible para entender el cómic independiente español de los 90 y un recordatorio de que, incluso frente a un Papa tiránico y un ejército de cazadores de fans, la imaginación siempre encontrará la forma de presentar batalla. Si buscas una mezcla perfecta de acción desenfrenada, nostalgia noventera y un amor profundo por el noveno arte, esta es la defensa definitiva de Barnacity que no puedes dejar de leer.