En el vasto y a menudo solemne panorama del cómic europeo, existe una anomalía fascinante, gamberra y profundamente referencial que nació en las fanzines de los años 80 para convertirse en un fenómeno de culto absoluto: Fanhunter. Creada por el autor catalán Cels Piñol, esta obra no es solo un tebeo; es una carta de amor —y a la vez una parodia despiadada— a la subcultura popular, los juegos de rol, el cine de ciencia ficción y, por supuesto, el coleccionismo de cómics.
La premisa de *Fanhunter* nos traslada a un futuro distópico que, en el momento de su creación, se sentía peligrosamente cercano. La historia se sitúa en un universo alternativo donde el orden mundial ha sido derrocado por un hombre que ha perdido el juicio: Alejo Cuervo. Alejo, quien en la vida real es el carismático librero y editor de Gigamesh, se convierte en la ficción en un tirano megalómano que da un golpe de estado en el Vaticano, se autoproclama Papa Alejo I y traslada la sede del poder a Barcelona, rebautizada para la ocasión como Barnacity.
El régimen de Alejo I no se basa en la opresión económica o política tradicional, sino en algo mucho más doloroso para el lector: la prohibición absoluta de la imaginación y el ocio. Bajo su mandato, todo rastro de subcultura es ilegal. Los cómics, las películas de serie B, la literatura fantástica, los juegos de mesa y los videojuegos han sido confiscados y destruidos. Para imponer su voluntad, el Papa cuenta con los Fanhunters, un ejército de clones de asalto con un diseño vagamente inspirado en Tintín, cuya única misión es perseguir y exterminar a cualquier "fan" que se atreva a poseer material prohibido.
Aquí es donde entra en juego la Resistencia. En las alcantarillas y sótanos de Barnacity, un grupo de supervivientes —los fans— lucha por mantener vivo el espíritu de la cultura prohibida. Estos héroes no son los típicos protagonistas de mandíbula cuadrada; son individuos con narices prominentes (el estilo visual "narizón" característico de Piñol), personalidades obsesivas y una capacidad asombrosa para meter la pata. Entre ellos destacan figuras icónicas como Don Depresor, un trasunto de Daredevil con tendencias suicidas; Ridli Scott, una líder guerrera; o el propio Cels, que se caricaturiza a sí mismo dentro de su propia mitología.
Lo que hace que *Fanhunter* sea una obra maestra del género es su concepto de la "Épica Pachanguera". A diferencia de las grandes sagas espaciales o de fantasía oscura, aquí la épica se mezcla con lo cotidiano, lo cutre y lo hilarante. Las batallas por el destino de la humanidad pueden decidirse por una tirada de dados mal ejecutada o por una discusión sobre si la mejor película de Star Wars es el Episodio IV o el V. Es un universo donde el conocimiento sobre el canon de Star Trek puede salvarte la vida o llevarte al paredón.
Visualmente, el cómic es inconfundible. El estilo de Piñol, de trazo sencillo pero extremadamente dinámico y expresivo, permite que la acción fluya con una rapidez cinematográfica mientras los márgenes de las viñetas se llenan de anotaciones, chistes internos y referencias cruzadas que exigen múltiples lecturas. Es un cómic que rompe constantemente la cuarta pared, dialogando con un lector que se siente identificado con esa resistencia que daría la vida por su colección de figuras de acción.
*Fanhunter* es, en esencia, una celebración de la libertad de expresión y del derecho a ser un "freak". A través de su sátira, explora cómo la pasión por la ficción puede unir a las personas frente al autoritarismo. Es una lectura obligatoria para entender la evolución del cómic español y un refugio para cualquiera que alguna vez haya sentido que su habitación, llena de libros y juegos, es el último bastión contra un mundo demasiado serio. Si buscas una aventura donde el humor ácido se mezcla con el heroísmo más absurdo, Barnacity te espera con las puertas abiertas… siempre que no lleves un cómic prohibido a la vista de los Fanhunters.