La obra 'Estrellita', que comprende los números del 1 al 4 creados por el autor Pau Anglada, se erige como uno de los ejercicios más fascinantes y perturbadores del cómic underground español contemporáneo. Bajo una estética que inicialmente podría confundirse con el lenguaje visual del *kawaii* japonés o la animación infantil de colores saturados, Anglada despliega un universo de una crudeza existencial y física abrumadora. Esta serie no es solo una sucesión de viñetas, sino una exploración sensorial sobre la vulnerabilidad, el cuerpo y la alienación.
La premisa se centra en el personaje titular, Estrellita, una criatura de forma estelar, extremidades filiformes y ojos expresivos que habita un entorno que oscila entre lo onírico y lo escatológico. A lo largo de estas cuatro entregas, el lector asiste a una serie de situaciones donde la protagonista interactúa con un entorno hostil, a menudo incomprensible, que parece diseñado para poner a prueba su integridad física y mental. No existe una narrativa lineal convencional en el sentido estricto de planteamiento, nudo y desenlace; en su lugar, 'Estrellita' funciona mediante una acumulación de sensaciones y una lógica de pesadilla que se vuelve más densa a medida que avanzan los números.
El primer volumen establece el tono de la obra: un humor negro refinado que nace del contraste. La figura de Estrellita representa la inocencia absoluta, una pureza que es constantemente mancillada por la realidad del mundo que la rodea. Anglada utiliza el cuerpo de la protagonista como un lienzo para el *body horror*, pero lo hace con una elegancia gráfica que resulta paradójica. Las transformaciones, las secreciones y las mutilaciones no se presentan con el fin de asquear de forma gratuita, sino como una manifestación de la fragilidad del ser en un entorno que no ofrece consuelo.
A medida que la serie progresa hacia los números 3 y 4, la introspección se agudiza. El autor profundiza en la soledad de Estrellita. El espacio exterior, a menudo representado con fondos minimalistas o colores planos vibrantes (fucsias, amarillos ácidos, verdes fluorescentes), acentúa la sensación de aislamiento. La narrativa se vuelve más abstracta, permitiendo que el dibujo tome el control total del discurso. Pau Anglada demuestra un dominio magistral de la línea: un trazo limpio, firme y de apariencia sencilla que, sin embargo, es capaz de transmitir una expresividad facial y corporal desgarradora.
Uno de los pilares fundamentales de 'Estrellita 1-4' es su capacidad para subvertir las expectativas del lector. Mientras que visualmente remite a la cultura del consumo rápido y la gratificación visual inmediata, el contenido es profundamente nihilista. Hay una crítica implícita a la vacuidad de la imagen y a la crueldad inherente a la observación: nosotros, como lectores, somos voyeurs de la degradación de un ser "adorable". Esta tensión entre la forma y el fondo es lo que eleva a la obra por encima de la media del fanzine o el cómic independiente estándar.
El uso del color merece una mención aparte. En estos cuatro números, la paleta cromática no es meramente decorativa; es narrativa. Los colores neón actúan como una distracción sensorial que camufla la tristeza subyacente de las situaciones. Es una psicodelia moderna que no busca la expansión de la conciencia, sino que refleja la sobreestimulación de una realidad que termina por anular al individuo.
En conclusión, 'Estrellita 1-4' es una obra esencial para entender las nuevas corrientes del cómic de autor en España. Pau Anglada ha creado un icono que, tras su apariencia de juguete o mascota, esconde una reflexión demoledora sobre el dolor y la existencia. Es un cómic que se lee rápido pero que permanece en la retina y en la mente durante mucho tiempo, desafiando al lector a mirar más allá de la superficie brillante para encontrar la oscuridad que late en su centro. Una