España Una-Grande-Libre

España Una-Grande-Libre, la obra cumbre de Carlos Giménez sobre la Transición española, representa uno de los ejercicios de memoria histórica más potentes y necesarios del noveno arte europeo. Tras haber diseccionado la posguerra en *Paracuellos* y la adolescencia en los barrios de Madrid en *Barrio*, Giménez cierra su particular crónica social con esta trilogía que documenta el convulso periodo que va desde la muerte del dictador Francisco Franco en 1975 hasta la consolidación de la democracia a principios de los años 80.

El cómic no se articula como una narración lineal con un único protagonista, sino como una crónica de urgencia, un mosaico de vivencias, anécdotas y situaciones reales que el autor presenció o recopiló durante aquellos años de incertidumbre. El título, que utiliza con una carga de ironía demoledora el lema oficial del régimen franquista, ya anticipa el tono de la obra: una disección crítica de un país que intentaba soltar amarras con el pasado mientras las estructuras del antiguo poder se resistían a desaparecer.

La estructura de la obra se divide originalmente en tres volúmenes que recogen las historietas publicadas por Giménez en revistas satíricas de la época, principalmente en El Papus. Esta procedencia marca el ritmo del cómic: son relatos cortos, directos, a menudo cargados de una rabia contenida y un humor negro que servía como válvula de escape ante la violencia política de las calles. Giménez actúa aquí como un cronista a pie de asfalto, capturando el lenguaje, los miedos y las esperanzas de la gente común, pero también la soberbia de los sectores más reaccionarios, conocidos popularmente como "el búnker".

Temáticamente, *España Una-Grande-Libre* se centra en la tensión constante entre dos mundos. Por un lado, la efervescencia de los movimientos obreros, las manifestaciones estudiantiles y el ansia de libertad de una sociedad que despertaba tras cuarenta años de silencio. Por otro, la pervivencia de la represión policial, los atentados de la extrema derecha y la sombra constante de un golpe de Estado. Giménez no escatima en detalles al retratar la violencia de los grupos parapoliciales y la impunidad con la que operaban, convirtiendo el cómic en un testimonio gráfico de los "años de plomo" de la Transición.

Desde el punto de vista artístico, nos encontramos ante un Carlos Giménez en la plenitud de sus facultades. Su estilo es inconfundible: un dibujo de trazo nervioso pero preciso, con una capacidad asombrosa para la caricatura que no resta un ápice de realismo a la crudeza de lo narrado. La expresividad de los rostros es, como siempre en su obra, el motor de la narrativa. Los personajes de Giménez sudan, gritan, lloran y gesticulan con una intensidad que traspasa el papel. El uso de las sombras y la composición de las viñetas refuerzan esa sensación de claustrofobia y peligro que se respiraba en las manifestaciones y en las redacciones de las revistas de la época.

Un aspecto fundamental de este cómic es su valor como documento periodístico. Giménez integra en las viñetas recortes de prensa, comunicados oficiales y declaraciones políticas reales, fusionando la ficción autobiográfica con el rigor del reportaje. La obra no solo narra la historia con mayúsculas, sino que se detiene en la intrahistoria: las discusiones en los bares, el miedo a comprar un periódico de izquierdas o la perplejidad ante los cambios sociales vertiginosos.

En conclusión, *España Una-Grande-Libre* es una lectura esencial para entender la identidad de la España contemporánea. Es un cómic valiente que huye de la visión edulcorada de la Transición para mostrar las costuras de un proceso difícil y, a menudo, sangriento. Carlos Giménez logra que el lector sienta el pulso de una calle que hervía de indignación y esperanza, dejando un legado gráfico que funciona tanto como advertencia para el futuro como homenaje a quienes lucharon por las libertades civiles en un momento de máxima oscuridad. Es, sin duda, una de las piezas más políticas, viscerales y honestas de la historieta española.

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