Escape of the Living Dead no es una obra más dentro del saturado subgénero de los muertos vivientes; es una pieza de arqueología narrativa que busca reclamar el legado original de la obra que definió el horror moderno. Publicada por Avatar Press, esta miniserie de cinco números cuenta con un pedigrí indiscutible: el guion corre a cargo de John Russo, coautor junto a George A. Romero de la película fundacional *Night of the Living Dead* (1968).
La premisa de este cómic es fascinante para cualquier estudioso del género, ya que actúa como una secuela directa y oficial de la película original, ignorando por completo las ramificaciones posteriores de la saga de Romero (como *Dawn of the Dead* o *Day of the Dead*). Russo retoma la historia donde la dejó en 1968, pero traslada la acción a 1971, tres años después de que los primeros "ghouls" aterrorizaran la Pensilvania rural.
La narrativa se sitúa en un contexto de aparente calma. Tras el estallido inicial, el gobierno de los Estados Unidos y las fuerzas militares lograron, supuestamente, contener la amenaza. La sociedad ha intentado volver a una normalidad tensa, bajo la creencia de que el fenómeno fue un evento aislado y erradicado. Sin embargo, el cómic explora la negligencia y la arrogancia institucional. En lugar de destruir todos los restos de la plaga, el ejército ha conservado especímenes para su estudio en instalaciones secretas, buscando comprender la biología de la reanimación y, potencialmente, su uso como arma.
El conflicto se desencadena cuando un transporte militar que traslada restos biológicos y sujetos de prueba sufre un accidente en una zona rural. Este incidente no solo libera a los muertos vivientes que permanecían en estado de letargo, sino que demuestra que el patógeno no ha perdido ni un ápice de su virulencia. A partir de este punto, la obra se convierte en una carrera contra el tiempo y un ejercicio de supervivencia pura.
A diferencia de otras interpretaciones modernas que dotan a los zombis de habilidades especiales o trasfondos complejos, Russo se mantiene fiel a su creación original. Los muertos de esta obra son lentos, implacables y carecen de conciencia; su único motor es un hambre atávica. El horror no proviene de la sofisticación del monstruo, sino de su número y de la incapacidad humana para cooperar de manera efectiva ante una crisis que ya creían superada.
El apartado visual, liderado por el artista Dheeraj Verma, es fundamental para entender la identidad de este cómic. Fiel al estilo de la editorial Avatar Press, el dibujo es crudo, detallado y no escatima en la representación de la violencia visceral. Verma logra capturar la atmósfera opresiva de principios de los años 70, utilizando una estética que evoca el cine de explotación de la época. El diseño de los zombis enfatiza la putrefacción y la pérdida de humanidad, alejándose de estéticas más estilizadas para abrazar un realismo macabro.
La estructura de la historia se divide entre varios grupos de personajes: civiles atrapados en el caos, agentes de la ley que intentan mantener un orden que se desmorona y los responsables militares que intentan encubrir el desastre antes de que la infección se propague más allá de las fronteras del condado. Esta multiplicidad de perspectivas permite al lector observar cómo el pánico se infiltra en diferentes estratos de la sociedad.
En resumen, *Escape of the Living Dead* es una obra esencial para entender la visión original de John Russo sobre el apocalipsis zombi. Es un cómic que prescinde de metáforas sociales complejas para centrarse en el horror físico, la claustrofobia y la fragilidad de la civilización ante un enemigo que no puede ser razonado ni detenido por métodos convencionales. Es, en esencia, el eslabón perdido que conecta el blanco y negro de 1968 con la crudeza gráfica del cómic contemporáneo.