Erase Una Vez El Espacio

La adaptación al cómic de "Érase una vez… el espacio" representa uno de los hitos más interesantes de la historieta europea de principios de los años 80. Basada en la serie de animación homónima creada por Albert Barillé para el estudio Procidis, esta obra trasciende el mero producto derivado para convertirse en una pieza de ciencia ficción antropológica y política que, bajo una apariencia juvenil, esconde una profunda reflexión sobre el destino de la humanidad y la organización social a escala galáctica.

La narrativa nos sitúa en el año 3022. La trama se articula en torno a la Confederación de Omega, una alianza de planetas (incluida la Tierra) que ha logrado establecer una paz relativa basada en la democracia y el respeto mutuo. El cómic sigue las misiones de la Policía Espacial de Omega, personificada principalmente en dos jóvenes oficiales: Pierrot (hijo del coronel Pierre y la presidenta Florita) y Psi (Mercedes), una joven con capacidades psíquicas excepcionales. Junto a ellos viaja Metro, un robot de inteligencia superior creado por el Maestro, el sabio consejero que aporta la perspectiva histórica y científica a las expediciones.

El conflicto central que mueve las páginas de esta obra es la tensión geopolítica —o "astropolítica"— entre la Confederación de Omega y la República de Casiopea. Mientras que Omega representa el idealismo, la diplomacia y la exploración pacífica, Casiopea, liderada por el autoritario General Pest y el ambicioso Cassiopea, encarna el militarismo, la expansión territorial agresiva y el deseo de dominio absoluto. Esta dicotomía permite que el cómic explore temas complejos como la carrera armamentística, los peligros de la tecnología descontrolada y la ética en el contacto con civilizaciones menos desarrolladas.

Estructuralmente, el cómic se divide en arcos que funcionan como misiones de exploración o misiones diplomáticas. Los protagonistas viajan a mundos remotos donde se encuentran con sociedades que replican diferentes etapas de la historia humana o formas de vida biológicamente fascinantes. Sin embargo, a diferencia de otras obras de ciencia ficción de la época, aquí no se busca la acción gratuita. Cada encuentro es una lección sobre la naturaleza humana, el ecologismo y la importancia de la convivencia.

Visualmente, el cómic es un reflejo fiel del diseño de producción original de Jean Barbaud y Manchu. Las viñetas destacan por un diseño de naves espaciales icónico, donde las formas orgánicas y funcionales de los vehículos de Omega (como el famoso "Colibrí") contrastan con la estética angulosa y agresiva de las flotas de Casiopea. El dibujo mantiene una línea clara, limpia y detallada, permitiendo que la inmensidad del espacio y la diversidad de los paisajes alienígenas se sientan tangibles. El uso del color es fundamental para diferenciar las atmósferas de los distintos planetas, pasando de tonos cálidos y pastorales en mundos primitivos a paletas frías y metálicas en las estaciones espaciales.

Un elemento distintivo de este cómic es la figura del Maestro. Aunque su diseño es recurrente en todas las sagas de "Érase una vez…", en el contexto espacial adquiere un matiz de guardián del conocimiento universal. Su presencia en las viñetas sirve para anclar la fantasía espacial en conceptos científicos reales, explicando fenómenos astronómicos o dilemas sociológicos, lo que otorga a la obra un valor educativo que no sacrifica en absoluto el ritmo de la aventura.

En resumen, el cómic de "Érase una vez… el espacio" es una epopeya de "space opera" con un fuerte componente humanista. No se limita a narrar batallas estelares; se centra en la construcción de una utopía posible y los desafíos que conlleva mantenerla frente a la ambición y la ignorancia. Es una obra imprescindible para entender la historieta de ciencia ficción europea, capaz de tratar al lector joven con inteligencia y ofrecer al lector adulto una visión crítica sobre el progreso de nuestra especie entre las estrellas.

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