Hablar de "Érase una vez… El Espacio" en su versión de cómic es adentrarse en uno de los hitos más fascinantes y ambiciosos de la narrativa europea de finales del siglo XX. Nacida de la mente visionaria de Albert Barillé y producida por el estudio Procidis, esta obra no es solo una traslación de la famosa serie de animación de 1982, sino una pieza fundamental de la ciencia ficción pedagógica que ha marcado a varias generaciones de lectores. Como experto en el noveno arte, es un placer desgranar la esencia de esta epopeya galáctica que, bajo una apariencia de aventura juvenil, esconde una profundidad filosófica y política sorprendente.
La historia nos sitúa en un futuro lejano, concretamente en el año 3023. La humanidad ha superado las fronteras de la Tierra y se ha integrado en la Confederación Galáctica de Omega, una alianza de planetas que busca la paz, la cooperación y el intercambio de conocimientos en la inmensidad del cosmos. Sin embargo, el equilibrio es frágil. En los confines del espacio conocido, la República de Casiopea, liderada por el ambicioso y beligerante General Teigneux (el eterno "Tiñoso"), representa una amenaza constante, personificando el autoritarismo y el deseo de expansión militarista frente a los valores democráticos de Omega.
El corazón de la narrativa late a bordo de la nave Cosmos, un prodigio de la ingeniería espacial encargado de patrullar los sectores galácticos y resolver conflictos diplomáticos. Los protagonistas de esta odisea son rostros familiares para quienes conocen el universo de Barillé, pero adaptados a este nuevo contexto futurista. Encontramos a Pierrot, un joven y valiente teniente de la policía espacial, hijo del Coronel Pierre y la Presidenta Pierrette. A su lado brilla Psi (Mercedes), una joven con extraordinarias capacidades psíquicas y una intuición prodigiosa, que aporta una capa de misticismo y sensibilidad a las misiones.
No podemos olvidar al inolvidable Metro, un robot superinteligente creado por el Maestro (quien aquí ejerce como el sabio decano del consejo de Omega y científico jefe). Metro no es solo el alivio cómico de la historia; su lógica implacable y su tendencia a discutir con su creador ofrecen algunos de los diálogos más agudos del cómic, planteando de paso preguntas sobre la inteligencia artificial y la consciencia robótica mucho antes de que estos temas fueran tendencia en la cultura popular.
Lo que eleva a "Érase una vez… El Espacio" por encima de otras *space operas* convencionales es su trasfondo humanista. A diferencia de obras contemporáneas centradas exclusivamente en el conflicto bélico, este cómic se detiene en la exploración de lo desconocido y en el respeto por las civilizaciones alienígenas. Cada capítulo o arco argumental funciona como un espejo de la condición humana: los protagonistas se encuentran con mundos que replican etapas de la historia terrestre o que enfrentan dilemas éticos sobre la ecología, la tiranía y el progreso tecnológico desmedido.
Visualmente, el cómic es un deleite para los amantes de la "línea clara" europea con toques de diseño industrial de vanguardia. Los diseños de las naves, influenciados por el talento de artistas como Manchu, son icónicos: desde la elegancia circular de la base Omega hasta la agresividad estética de las flotas de Casiopea. El dibujo logra capturar la inmensidad del vacío estelar y la diversidad de biomas planetarios con una paleta de colores vibrante que invita a la maravilla constante.
En resumen, esta obra es una invitación a viajar más allá de las estrellas para, en última instancia, comprendernos mejor a nosotros mismos. Es una sinopsis de la lucha eterna entre la luz de la razón y la oscuridad de la ambición, envuelta en una aventura de exploración espacial que no ha perdido ni un ápice de su relevancia. Para el lector que busca una historia donde la diplomacia es tan importante como el disparo de un láser, y donde la curiosidad es la herramienta más poderosa de la humanidad, "Érase una vez… El Espacio" sigue siendo una lectura obligatoria, un faro de optimismo en el vasto y a veces frío universo del cómic de ciencia ficción.