Ensueño

En el panorama actual del noveno arte en España, surgen de vez en cuando obras que no solo buscan entretener, sino que aspiran a capturar la esencia volátil de los sentimientos humanos. 'Ensueño', la novela gráfica escrita por Manu Gutiérrez e ilustrada por Víctor L. Pinel, publicada por la editorial Nuevo Nueve, es precisamente uno de esos hitos. Como experto en narrativa secuencial, puedo afirmar que nos encontramos ante una pieza que trasciende el género de la ciencia ficción introspectiva para convertirse en un tratado visual sobre la pérdida, el refugio de la mente y la delgada línea que separa la supervivencia emocional de la evasión absoluta.

La premisa de 'Ensueño' nos sitúa en un futuro cercano, o quizás en una realidad alternativa peligrosamente similar a la nuestra, donde la sociedad ha encontrado una válvula de escape definitiva. El "Ensueño" no es solo un concepto abstracto; es una tecnología, un estado de conciencia compartido y una promesa de felicidad artificial. En un mundo gris, desgastado por la rutina y las asperezas de la existencia cotidiana, la posibilidad de sumergirse en un universo onírico diseñado a medida se ha convertido en la droga más potente y aceptada.

La historia sigue los pasos de Cloe, una joven que camina por la vida como si fuera una espectadora de su propia tragedia. Cloe está rota, aunque al principio no sepamos exactamente qué pieza de su engranaje interno ha saltado por los aires. Su realidad es monocroma, pesada y silenciosa. Para ella, el mundo tangible ha perdido su brillo, y la única forma de encontrar consuelo es a través de las sesiones de Ensueño. Allí, las leyes de la física se doblan, los colores recuperan su saturación y los recuerdos pueden ser moldeados para evitar el dolor.

Sin embargo, Gutiérrez no nos plantea una simple distopía tecnológica. El guion se adentra en terrenos filosóficos mucho más profundos: ¿Es lícito preferir una mentira hermosa a una verdad dolorosa? ¿Qué sucede cuando el refugio se convierte en una cárcel? A medida que acompañamos a Cloe, somos testigos de su adicción a lo irreal. La narrativa nos sumerge en su psique, explorando cómo el duelo puede estancarnos en un bucle de nostalgia donde el tiempo deja de avanzar.

El apartado artístico de Víctor L. Pinel es, sencillamente, magistral y fundamental para entender la magnitud de esta obra. Pinel utiliza una narrativa visual dual que es un deleite para los sentidos. Mientras que las escenas en el mundo real están dominadas por tonos apagados, composiciones rígidas y una sensación de claustrofobia urbana, las secuencias dentro del Ensueño son una explosión de creatividad. El uso de la acuarela y el color digital se funden para crear paisajes oníricos que parecen vibrar en la página. La expresividad de Cloe, sus silencios y sus miradas perdidas, dicen mucho más que cualquier bloque de texto. Pinel logra que el lector sienta la calidez del sueño y el frío cortante del despertar.

Lo que hace que 'Ensueño' sea una lectura imprescindible es su capacidad para conectar con el lector a un nivel visceral. Todos hemos deseado, en algún momento de crisis, cerrar los ojos y aparecer en un lugar donde el problema no exista. La obra disecciona esa pulsión humana hacia el escapismo. A través de personajes secundarios que orbitan alrededor de Cloe, vemos diferentes facetas de esta dependencia: desde los que lo usan como un simple entretenimiento hasta los que, como la protagonista, están en peligro de olvidar cómo se respira fuera del simulacro.

Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia (spoilers), el desarrollo de la trama nos lleva por un camino de autodescubrimiento. No es una historia de grandes batallas externas, sino de una guerra interna por recuperar la voluntad de vivir. El ritmo es pausado, permitiendo que las metáforas visuales calen en el lector, construyendo una atmósfera de melancolía luminosa que persiste mucho después de cerrar el libro.

En conclusión, 'Ensueño' es una obra valiente y necesaria. Manu Gutiérrez y Víctor L. Pinel han creado un espejo en el que es inevitable verse reflejado. Es una invitación a reflexionar sobre nuestra propia relación con la realidad y sobre cómo gestionamos el vacío que dejan las ausencias. Una joya del cómic contemporáneo que demuestra que, a veces, para despertar de verdad, primero hay que aprender a navegar por nuestros sueños más profundos sin ahogarse en ellos. Es, sin duda, una de las experiencias gráficas más conmovedoras y visualmente potentes de los últimos años.

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