La adaptación al cómic de "En la Noche de los Tiempos" (*The Shadow Out of Time*), especialmente bajo la magistral batuta del mangaka Gou Tanabe, se erige como una de las traslaciones más fidedignas y visualmente impactantes del horror cósmico de H.P. Lovecraft al noveno arte. Esta obra no solo captura la esencia del relato original publicado en 1936, sino que expande su atmósfera opresiva mediante una narrativa visual que aprovecha las virtudes del blanco y negro para explorar los límites de la cordura humana y la inmensidad del tiempo geológico.
La trama se centra en la figura de Nathaniel Wingate Peaslee, un respetado profesor de economía política en la Universidad de Miskatonic. La historia arranca con un suceso perturbador: en 1908, en mitad de una clase, Peaslee sufre un colapso fulminante. Al despertar, su personalidad parece haber sido suplantada por una entidad completamente ajena. Durante cinco años, este "nuevo" Peaslee se dedica a viajar por el mundo, consultando libros prohibidos en bibliotecas recónditas y mostrando un intelecto y unas costumbres que nada tienen que ver con el hombre que fue. Cuando el verdadero Nathaniel recupera el control de su cuerpo en 1913, se encuentra con un vacío absoluto en su memoria y el rechazo de su familia, que lo considera un extraño o un loco.
El núcleo del cómic se desarrolla a través de la lucha de Peaslee por reconstruir esos años perdidos. Lo que comienza como una investigación psicológica pronto deriva en una pesadilla arqueológica y metafísica. El protagonista empieza a experimentar sueños vívidos y recurrentes que lo transportan a una ciudad ciclópea de piedra negra, habitada por seres de morfología imposible: entidades cónicas de diez pies de altura, con extremidades tentaculares y una inteligencia que trasciende la comprensión humana. Estos sueños no son meras alucinaciones, sino recuerdos fragmentados de una existencia previa en un pasado remoto, eones antes de la aparición del hombre.
El guion maneja con precisión el concepto de la Gran Raza de Yith, una especie capaz de proyectar sus mentes a través del tiempo y el espacio para intercambiarlas con individuos de otras épocas y planetas. Este recurso narrativo permite al cómic explorar una escala temporal vertiginosa, donde la humanidad es apenas un parpadeo en la historia del universo. La tensión aumenta cuando Peaslee, guiado por sus visiones y por hallazgos arqueológicos en el Gran Desierto de Arena de Australia, decide emprender una expedición para confirmar si las ruinas de sus sueños existen en el mundo real.
Visualmente, la obra es un prodigio de detalle. El dibujo se aleja de las estridencias para centrarse en un realismo minucioso que hace que lo fantástico resulte aterradoramente tangible. Las estructuras arquitectónicas de la ciudad de la Gran Raza están representadas con una escala que abruma al lector, enfatizando la insignificancia del ser humano frente a las construcciones de una civilización prehumana. El uso de las sombras y las texturas de la piedra, el metal y la carne alienígena crea una sensación de claustrofobia y maravilla a partes iguales.
"En la Noche de los Tiempos" evita los tropos habituales del terror convencional —sustos fáciles o violencia gratuita— para centrarse en el horror existencial. La verdadera amenaza no es la muerte física, sino la comprensión de que nuestra identidad es frágil y que el universo está poblado por fuerzas que nos ignoran por completo. El cómic logra transmitir esa sensación de "otredad" de manera excepcional, manteniendo al lector en un estado de inquietud constante mientras acompaña a Peaslee en su descenso hacia una verdad que preferiría no haber descubierto.
En definitiva, esta obra es una pieza fundamental para cualquier estudioso del cómic de terror y ciencia ficción. Logra lo que pocas adaptaciones consiguen: traducir la prosa densa y adjetivada de Lovecraft en imágenes que no solo ilustran la historia, sino que la elevan, convirtiendo el concepto abstracto del tiempo y la memoria en una experiencia sensorial abrumadora. Es un viaje hacia lo desconocido que respeta el material original mientras establece un nuevo estándar visual para el horror