La obra "Elementales: La revancha de los vampiros" (basada en la creación original de Bill Willingham, *Elementals*) representa uno de los puntos álgidos de la narrativa de superhéroes independientes de la década de los 80 y principios de los 90. Para entender este arco argumental, es imperativo situar la serie en su contexto: una propuesta que, antes de la explosión de *Watchmen* o *The Dark Knight Returns*, ya exploraba una visión cruda, pragmática y profundamente sobrenatural del género.
La premisa fundamental de los Elementales nos presenta a cuatro individuos que mueren de forma violenta debido a los cuatro elementos clásicos: Jeanette (fuego), Jeff (aire), Tommy (tierra) y Becky (agua). Sin embargo, su fin no es el descanso eterno, sino una resurrección orquestada por el espíritu de la Tierra para servir como defensores contra amenazas que escapan a la comprensión humana convencional. A diferencia de los héroes de las grandes editoriales, los Elementales no tienen identidades secretas que proteger ni un código moral inquebrantable; son seres marcados por el trauma de su propia muerte y la carga de una divinidad que no pidieron.
En el arco específico de "La revancha de los vampiros", la narrativa abandona el enfrentamiento contra deidades primordiales como Lord Typhon para sumergirse en un horror gótico moderno y visceral. La trama se desencadena cuando la sociedad secreta de los vampiros, liderada por el carismático y despiadado Lord Sanguine, decide que ha llegado el momento de dejar de esconderse en las sombras. En el universo de Willingham, los vampiros no son simples monstruos de leyenda, sino una facción organizada, antigua y con una jerarquía de poder que rivaliza con cualquier estructura gubernamental o militar.
El conflicto central no se limita a una serie de escaramuzas físicas. La genialidad de este volumen radica en cómo los vampiros utilizan el terror psicológico y la infiltración. Lord Sanguine comprende que los Elementales, a pesar de su inmen