El ultimo zombi – Nuevo mundo muerto

El último zombi: Nuevo mundo muerto no es simplemente otra incursión en el saturado subgénero de los muertos vivientes; es una obra que redefine la narrativa del apocalipsis desde una perspectiva introspectiva, melancólica y profundamente humana. Escrita por Luciano Saracino e ilustrada por el virtuoso Ariel Olivetti, esta novela gráfica se aleja de los tropos habituales del *survival horror* para ofrecer una crónica sobre el fin de la civilización y lo que queda cuando la esperanza se ha extinguido casi por completo.

La trama nos sitúa en un futuro cercano donde la humanidad ha perdido la batalla contra una infección global. Sin embargo, a diferencia de otras obras donde el foco está en el estallido del caos, aquí nos encontramos en el "después". El mundo ya ha muerto; lo que queda son los ecos de una sociedad que no supo detener su propia caída. El protagonista de este viaje es el Dr. Eric Zimmerman, un científico cuya vida antes del desastre estaba dedicada al estudio de los virus y las enfermedades. Zimmerman no es el típico héroe de acción de mandíbula cuadrada; es un hombre cansado, cargado de remordimientos y poseedor de una lucidez dolorosa que lo obliga a documentar el ocaso de su especie.

La premisa de "Nuevo mundo muerto" sigue a Zimmerman en una travesía desesperada a través de paisajes desolados. Su misión es tanto científica como personal: busca entender la naturaleza última de la infección mientras intenta encontrar un sentido a su propia existencia en un planeta que ya no pertenece a los vivos. A lo largo de su camino, el doctor se cruza con diversos supervivientes y comunidades que han intentado reconstruir algo parecido a la civilización, a menudo con resultados grotescos o trágicos. El cómic utiliza estos encuentros para explorar la sociología del desastre, mostrando cómo el miedo y la pérdida transforman la ética humana.

Uno de los pilares fundamentales de esta obra es el apartado visual. Ariel Olivetti, reconocido internacionalmente por su trabajo en Marvel y DC, despliega aquí una técnica pictórica que eleva el guion de Saracino a niveles épicos. Su estilo, caracterizado por una anatomía imponente y un uso magistral del color digital, dota a los zombis y a los escenarios de una textura casi tangible. Los muertos de Olivetti no son solo cadáveres andantes; son figuras trágicas, envueltas en una atmósfera de quietud sepulcral. El uso de las luces y las sombras refuerza la sensación de soledad absoluta que impregna cada página, convirtiendo al entorno en un personaje más de la historia.

Narrativamente, Saracino opta por un tono de "road movie" existencial. El ritmo es pausado, permitiendo que el lector absorba la magnitud de la devastación. No hay un interés primordial en el *gore* gratuito, aunque la violencia está presente como una consecuencia inevitable del entorno. El guion se centra en los monólogos internos de Zimmerman y en los diálogos cargados de fatalismo con los que se topa. La genialidad de la obra reside en cómo invierte la pregunta clásica: aquí la duda no es cómo sobrevivir a los zombis, sino qué significa ser el "último" en un mundo que ya ha cambiado de dueño.

El último zombi: Nuevo mundo muerto es, en definitiva, un réquiem en formato de cómic. Es una exploración sobre la fragilidad de nuestras estructuras sociales y la persistencia del espíritu humano, incluso cuando este se encuentra al borde del abismo. Para el lector que busca una historia con peso emocional, un arte de primer nivel y una vuelta de tuerca inteligente al mito del zombi, esta obra de Saracino y Olivetti se erige como una pieza imprescindible del cómic contemporáneo en español. Es un recordatorio de que, a veces, el verdadero horror no es la muerte en sí, sino el silencio que queda después de que el último grito se ha apagado.

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