El Último Libro de la Selva, escrita por Stephen Desberg e ilustrada por Jean-Baptiste Hostache, es una de las reinterpretaciones más ambiciosas y maduras de la obra original de Rudyard Kipling en el formato del noveno arte. Publicada originalmente en cuatro tomos (y recopilada frecuentemente en integrales), esta obra se aleja radicalmente de las versiones edulcoradas de la cultura popular para ofrecer un relato crepuscular, denso y profundamente psicológico sobre la identidad y el conflicto entre la civilización y la naturaleza.
La premisa del cómic nos sitúa años después de que Mowgli abandonara la selva de Seoni. El protagonista ya no es el niño que jugaba entre lobos, sino un hombre adulto que intenta, con dificultades, integrarse en la rígida sociedad de la India colonial bajo el dominio británico. Sin embargo, Mowgli es un paria en ambos mundos: demasiado salvaje para los hombres y demasiado humano para las bestias. La narrativa se construye sobre esta dualidad, explorando la carga emocional de un hombre que posee la educación de un caballero inglés pero conserva los instintos y las cicatrices de un depredador.
El guion de Stephen Desberg destaca por su sobriedad y su capacidad para deconstruir el mito. No se limita a narrar una secuela, sino que plantea una reflexión sobre el fin de una era. La selva que Mowgli conoció está desapareciendo, asediada por el avance tecnológico y la ambición humana, mientras que la "Ley de la Selva" —ese código ético que regía la vida de los animales— parece desmoronarse ante la llegada de una modernidad implacable. Desberg utiliza el regreso de Mowgli a su antiguo hogar no como un viaje de nostalgia, sino como una confrontación necesaria con su pasado y con los antiguos aliados y enemigos que aún habitan en la espesura.
En el apartado visual, Jean-Baptiste Hostache realiza un trabajo magistral que define la atmósfera de la obra. Su estilo huye del antropomorfismo caricaturesco. Los animales —Baloo, Bagheera, Shere Khan— son representados con un realismo imponente; son criaturas majestuosas, viejas y peligrosas que imponen respeto a través del trazo. El uso del color es fundamental en la narrativa: Hostache emplea una paleta que transita de los tonos ocres y polvorientos de las ciudades coloniales a los verdes profundos, sombras densas y azules nocturnos de la selva. Esta diferenciación cromática refuerza visualmente la desconexión entre los dos mundos que habitan en el protagonista.
La estructura de la obra permite un desarrollo pausado de los personajes secundarios. Las figuras icónicas de Kipling son reinterpretadas bajo una luz más cruda. Bagheera ya no es solo una mentora, sino una guerrera cansada; Baloo representa una sabiduría que parece no tener lugar en el nuevo orden mundial. El conflicto central, más allá de cualquier enfrentamiento físico, es la lucha de Mowgli por encontrar su lugar en un mundo que exige que elija una sola naturaleza, cuando él es, por definición, la unión de ambas.
"El Último Libro de la Selva" es, en esencia, un cómic sobre la pérdida de la inocencia y el peso del legado. Es una obra que exige una lectura atenta, donde el silencio de las viñetas que muestran la inmensidad de la jungla comunica tanto como los diálogos cargados de melancolía. Evitando los tropos habituales del género de aventuras, Desberg y Hostache entregan una tragedia épica que cierra el ciclo del "cachorro de hombre" de una manera coherente con la crudeza original de Kipling, pero adaptada a una sensibilidad contemporánea que cuestiona el impacto del hombre sobre el mundo natural. Es una pieza imprescindible para quienes buscan una narrativa gráfica que combine el respeto por el material clásico con una visión artística y literaria propia.