El triángulo secreto (*Le Triangle Secret*), escrita por el guionista Didier Convard, es una de las obras cumbres del género del *thriller* esotérico en el mundo del cómic europeo. Publicada originalmente por la editorial francesa Glénat a partir del año 2000, esta serie no solo redefinió el interés por las conspiraciones religiosas en la historieta franco-belga, sino que se adelantó y superó en profundidad documental a fenómenos literarios posteriores de temática similar.
La trama se centra en la figura de Didier Mosèle, un brillante restaurador de documentos antiguos y miembro de la masonería, que trabaja en los archivos secretos del Vaticano. La historia arranca cuando Mosèle y su equipo de investigadores descubren indicios de un secreto milenario que podría socavar los cimientos mismos de la Iglesia Católica y de la fe cristiana occidental. El detonante es la búsqueda del "Tronco del Árbol", un manuscrito original que contendría la verdadera historia de Jesucristo, una versión que difiere drásticamente de los Evangelios canónicos aceptados por Roma.
A medida que Mosèle profundiza en la investigación, se ve envuelto en una peligrosa red de intrigas que trasciende los siglos. La narrativa se estructura en dos planos temporales que se entrelazan de forma magistral. Por un lado, seguimos la investigación en la época contemporánea, donde los protagonistas deben descifrar acertijos históricos mientras huyen de fuerzas oscuras. Por otro lado, la obra nos traslada a momentos clave del pasado, desde la época de la crucifixión hasta las Cruzadas y la Edad Media, para darnos las piezas del rompecabezas que Mosèle intenta armar en el presente.
El conflicto central de la obra reside en el enfrentamiento entre dos facciones opuestas. Por una parte, los protagonistas, guiados por un ideal de verdad y conocimiento masónico; por otra, los "Guardianes de la Sangre", una sociedad secreta vinculada a los estamentos más conservadores del Vaticano. Estos últimos tienen la misión de proteger el dogma a cualquier precio, utilizando la violencia y la manipulación para silenciar cualquier descubrimiento que ponga en duda la divinidad de Cristo o la estructura de poder eclesiástica.
Uno de los aspectos más distintivos y ambiciosos de El triángulo secreto es su propuesta gráfica. Didier Convard, actuando como director de orquesta, decidió contar con un equipo de dibujantes de primer nivel para diferenciar las distintas capas de la historia. Mientras que Denis Falque se encarga del dibujo de la trama principal en el presente con un estilo realista y dinámico, otros artistas de renombre como André Juillard, Gilles Chaillet, Pierre Wachs o Jean-Charles Kraehn ilustran los pasajes históricos. Este cambio de estilo visual no es meramente estético, sino que sirve para otorgar una identidad propia a cada época, reforzando la sensación de estar ante una crónica que abarca milenios.
El guion de Convard destaca por su rigor documental. Aunque se trata de una obra de ficción, el autor utiliza elementos reales de la historia de la masonería, la exégesis bíblica y la arqueología para construir un relato verosímil. La serie no se limita a la acción o al suspense, sino que invita a una reflexión profunda sobre la naturaleza de la fe, la diferencia entre la verdad histórica y la verdad espiritual, y el peso que las instituciones ejercen sobre el conocimiento humano.
La serie original consta de siete álbumes, cuyos títulos hacen referencia a conceptos simbólicos y litúrgicos, culminando en una resolución que cierra el misterio principal pero que deja una huella indeleble en el lector. El éxito de la obra fue tal que dio lugar a varias series derivadas o *spin-offs*, como *I.N.R.I.*, *Hertz* y *Los Guardianes de la Sangre*, que expanden este universo de conspiraciones y misticismo.
En resumen, El triángulo secreto es un cómic imprescindible para los amantes del misterio histórico. Es una obra densa, inteligente y visualmente rica que utiliza el lenguaje de la viñeta para explorar los rincones más oscuros de la historia sagrada, manteniendo un equilibrio perfecto entre el entretenimiento de un *thriller* de persecución y la profundidad de un ensayo teológico. Su lectura exige atención, pero recompensa con una de las tramas más sólidas y fascinantes de la narrativa gráfica contemporánea.