El Territorio es una obra fundamental dentro del catálogo del terror psicológico y sobrenatural contemporáneo, fruto de la colaboración entre el guionista británico Anthony Johnston y el aclamado dibujante argentino Eduardo Risso. Publicada originalmente bajo el sello de Avatar Press, esta miniserie se aleja de los tropos convencionales del género para ofrecer una narrativa densa, claustrofóbica y profundamente perturbadora que explora los límites de la psique humana y la maleabilidad de la realidad física.
La trama se centra en Simon, un hombre que viaja hasta las profundidades de la Rusia rural con un objetivo claro pero peligroso: encontrar a su hermano, Peter, quien ha desaparecido tras adentrarse en una vasta y misteriosa propiedad privada conocida simplemente como «El Territorio». Simon no viaja solo; lo acompaña un grupo de individuos con sus propias motivaciones y secretos, pero todos comparten una advertencia común que pronto se convierte en una realidad ineludible: El Territorio no es un lugar geográfico ordinario, sino una entidad con reglas propias y una naturaleza metafísica aterradora.
El concepto central que define la obra es la interacción entre el entorno y la mente de quienes lo habitan. En este enclave, la frontera entre el pensamiento y la materia se disuelve. El Territorio tiene la capacidad de manifestar físicamente los deseos, miedos, traumas y obsesiones de las personas que se encuentran dentro de sus límites. No se trata de simples alucinaciones; las proyecciones de la mente cobran forma real, a menudo con consecuencias letales. Esta premisa permite a Johnston construir un relato donde el verdadero horror no proviene de monstruos externos, sino de la oscuridad que cada personaje lleva en su interior.
A medida que el grupo se interna en la propiedad, la narrativa se vuelve cada vez más fragmentada y onírica. El lector es testigo de cómo el paisaje cambia para reflejar el estado mental de los protagonistas, convirtiendo el viaje en una exploración introspectiva donde la supervivencia depende de la capacidad de controlar los propios pensamientos. La tensión no reside únicamente en los peligros externos, sino en la desconfianza mutua y en la erosión de la cordura de los personajes, quienes ven cómo sus secretos más profundos son expuestos y materializados por el entorno.
El apartado visual es, sin duda, uno de los pilares que elevan este cómic. Eduardo Risso, conocido por su maestría en el uso del claroscuro y su narrativa visual en obras como *100 Balas*, despliega aquí un estilo que se adapta perfectamente a la atmósfera opresiva del guion. Risso utiliza las sombras no solo para ocultar, sino para dar forma a lo indescriptible. Su capacidad para alternar entre paisajes desolados y composiciones surrealistas refuerza la sensación de extrañeza constante. El dibujo logra transmitir la pesadez del aire y la distorsión de la realidad sin necesidad de recurrir a excesos visuales, manteniendo una elegancia sombría que acentúa el tono adulto de la historia.
Temáticamente, *El Territorio* aborda la responsabilidad del pensamiento y la carga del pasado. Plantea preguntas incómodas sobre qué sucedería si nuestras peores inclinaciones tuvieran el poder de herirnos físicamente. Es una obra que exige atención, ya que los detalles en los diálogos y en el arte suelen anticipar la degradación de la realidad que sufren los personajes.
En resumen, *El Territorio* es un ejercicio de horror existencial que utiliza el escenario de una Rusia aislada y mística para diseccionar la naturaleza humana. Es una lectura imprescindible para quienes buscan un cómic de género que priorice la atmósfera y la profundidad psicológica sobre el impacto fácil. La combinación del guion cerebral de Johnston con el arte visceral de Risso crea una experiencia inmersiva que permanece en la mente del lector mucho después de haber cerrado el tomo, recordándonos que, a veces, el lugar más peligroso del mundo es nuestra propia conciencia.