El Tajo

El Tajo, la incursión de Guillem López en la narrativa gráfica de la mano de la editorial La Cúpula, se presenta no solo como un cómic, sino como una experiencia sensorial y psicológica que utiliza el lenguaje del noveno arte para explorar las profundidades de la culpa, el estancamiento y la herencia emocional. López, ya consagrado en la literatura de género y lo "weird" en España, traslada su particular universo simbólico al papel, asumiendo tanto el guion como un dibujo visceral que define la identidad de la obra.

La premisa nos sitúa en un entorno rural asfixiante, marcado por la presencia del río que da nombre a la obra. El protagonista regresa a un escenario de su pasado, un lugar que parece detenido en el tiempo, donde el barro, las cañas y el agua estancada no son solo elementos del paisaje, sino extensiones de la psique de los personajes. Este retorno no es una búsqueda de redención luminosa, sino un descenso a las raíces de un trauma o de una deuda pendiente que nunca terminó de cerrarse. El "tajo" del título funciona de manera polisémica: es el río que corta la tierra, pero también es la herida abierta en la memoria y la ruptura violenta con una realidad que el protagonista intentó dejar atrás.

Desde el punto de vista narrativo, *El Tajo* se aleja de las estructuras convencionales del *thriller* rural o el *noir* clásico. Aunque existen elementos de misterio y una tensión latente que recorre cada página, la obra se apoya en una atmósfera de irrealidad. Guillem López utiliza el ritmo pausado para sumergir al lector en el calor sofocante y la humedad del ambiente. No hay prisa por revelar los hechos; lo que importa es la sensación de inevitabilidad. La historia se construye a través de silencios, de miradas cargadas de reproche y de una naturaleza que parece observar y juzgar a quienes caminan por sus orillas.

El apartado visual es, sin duda, el pilar fundamental que sostiene la obra. López opta por un blanco y negro crudo, de trazo nervioso y manchado, que huye de la limpieza digital para abrazar una estética orgánica y sucia. El uso de las sombras es magistral: el negro no solo sirve para dar volumen, sino para devorar a los personajes, sugiriendo que la oscuridad que los rodea es tanto física como interna. El dibujo tiene una cualidad táctil; casi se puede sentir la aspereza de la tierra seca y la viscosidad del lodo del río. Esta elección estética refuerza el tono de "España profunda" y decadente, conectando con una tradición artística que va desde las Pinturas Negras de Goya hasta el expresionismo más desgarrador.

Temáticamente, el cómic aborda la imposibilidad de escapar de los orígenes. El protagonista se encuentra atrapado en una red de relaciones familiares y vecinales marcadas por lo no dicho. La obra explora cómo los lugares que habitamos terminan por habitarnos a nosotros, configurando nuestra identidad de formas que a menudo son dolorosas. Hay una reflexión profunda sobre la decadencia del mundo rural, pero no desde una visión nostálgica o bucólica, sino desde la crudeza de lo que se pudre y se olvida.

*El Tajo* es también una obra sobre la percepción. A medida que avanza el relato, la frontera entre lo real y lo alucinatorio se vuelve difusa. El río actúa como un espejo deformante donde los recuerdos se mezclan con el presente, y donde la geografía física se confunde con la geografía del remordimiento. Es un cómic que exige una lectura atenta, que no entrega respuestas masticadas, sino que invita a habitar su incomodidad.

En definitiva, esta obra se posiciona como una pieza clave en el cómic contemporáneo español por su capacidad para hibridar el drama psicológico con el horror atmosférico. Guillem López demuestra una madurez narrativa sorprendente en su salto al dibujo, logrando que cada viñeta pese y que el silencio sea tan elocuente como el diálogo. *El Tajo* es una herida abierta en el papel, un relato sobre lo que queda cuando todo lo demás se ha erosionado, y una confirmación de que el cómic es el medio idóneo para explorar los rincones más oscuros y húmedos de la condición humana. Es una lectura densa, física y profundamente evocadora que permanece en la mente del lector mucho después de haber cerrado sus páginas.

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