En el vasto y colorido panteón de la historieta española, existen figuras que, aunque no siempre ocupen la primera línea de la cultura popular masiva como Mortadelo o Zipi y Zape, representan hitos fundamentales en la evolución del lenguaje gráfico del país. Uno de esos personajes es, sin duda, El Sheriff Pat, la creación más emblemática para el mundo del tebeo del genial dibujante y humorista gráfico Cesc (Francesc Vila i Rufas).
Publicado originalmente en las páginas de la mítica revista *Tío Vivo* a finales de la década de los 50, *El Sheriff Pat* no es solo una parodia del género western, sino una lección magistral de síntesis visual y humor inteligente. Para entender la importancia de este cómic, hay que situarse en el contexto de la época: mientras la editorial Bruguera dominaba el mercado con un estilo de dibujo abigarrado, dinámico y lleno de mamporros, un grupo de autores (entre ellos Cesc) decidió fundar *Tío Vivo* para explorar un humor más costumbrista, refinado y, en cierto modo, moderno.
La premisa de *El Sheriff Pat* nos traslada a un Lejano Oeste que se siente tan polvoriento como familiar. El protagonista es un representante de la ley de baja estatura, bigote prominente y un sombrero que parece pesarle más que su propia estrella de sheriff. Pat no es el héroe invulnerable de las películas de John Ford; es, más bien, un hombre común atrapado en un escenario de leyenda. Su labor consiste en mantener el orden en un pueblo donde el peligro acecha en cada esquina, aunque a menudo ese peligro sea más fruto de la torpeza humana o de situaciones absurdas que de una maldad cinematográfica.
Lo que hace que este cómic sea una joya indispensable para cualquier experto es el estilo de Cesc. A diferencia de sus contemporáneos, Cesc empleaba una economía de medios asombrosa. Sus viñetas respiran; el uso del blanco y de la línea fina y elegante dota a la obra de una sofisticación europea que adelantaba lo que años más tarde veríamos en otras latitudes. Pat se mueve en un entorno de horizontes infinitos y desiertos minimalistas, donde un solo cactus o una roca estratégicamente dibujada bastan para construir toda una atmósfera.
En cuanto a la narrativa, las historias de Pat suelen ser autoconclusivas y se centran en la deconstrucción de los tropos del western. El duelo al sol, el asalto al banco, la persecución de forajidos o la relación con su fiel pero a veces testarudo caballo, son reinterpretados bajo un prisma de ironía sutil. Pat intenta imponer la justicia con una mezcla de ingenuidad y una lógica aplastante que a menudo desarma a sus adversarios. No hay grandes explosiones ni violencia gráfica; hay, en cambio, una observación aguda de la condición humana trasladada a las llanuras de Arizona.
El Sheriff Pat es también un reflejo de su autor: un observador lírico de la realidad. A través de este pequeño sheriff, Cesc lograba colar una crítica amable pero certera sobre la autoridad, la burocracia y las convenciones sociales. Es un cómic que se lee con una sonrisa permanente, no necesariamente por la carcajada explosiva, sino por el placer de contemplar una obra de arte donde cada trazo tiene un propósito.
Para el lector actual, acercarse a *El Sheriff Pat* es realizar un viaje arqueológico a una de las cumbres del diseño gráfico aplicado a la historieta. Es descubrir que, mucho antes de que el concepto de "novela gráfica" se popularizara, ya existían autores en España que entendían el cómic como una forma de arte minimalista, capaz de decir mucho con muy poco. Sin spoilers ni revelaciones innecesarias, basta decir que acompañar a Pat en sus rondas por el desierto es una experiencia refrescante, un remanso de elegancia visual que demuestra que, a veces, el héroe más grande es aquel que apenas levanta unos palmos del suelo, pero cuya dignidad y trazo son inalcanzables.