Hablar de "El Mundo Futuro" es adentrarse en una de las cumbres más brillantes, personales y visualmente fascinantes de la historieta española del siglo XX. Publicada originalmente por Ediciones Toray a mediados de la década de los 50 (específicamente a partir de 1955), esta obra no es solo un cómic de ciencia ficción; es el testamento artístico y filosófico de su creador, Guillermo Sánchez Boix, universalmente conocido por su seudónimo: Boixcar.
Como experto en el noveno arte, es imposible no comenzar destacando el impacto visual de esta serie. En una España que aún se recuperaba de las penurias de la posguerra, "El Mundo Futuro" se presentó como una ventana panorámica hacia lo inalcanzable. Boixcar, ya consagrado por su mítica serie "Hazañas Bélicas", trasladó su obsesivo detallismo técnico y su dominio del claroscuro desde los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial hacia los confines del cosmos. El resultado fue una estética que hoy llamaríamos "retro-futurista", pero que en su momento fue la vanguardia del realismo en el tebeo.
La sinopsis de "El Mundo Futuro" no se ciñe a un solo protagonista o a una trama lineal continuada, sino que se estructura como una serie de relatos antológicos —aunque a veces interconectados— que exploran la expansión de la humanidad por el sistema solar y más allá. La narrativa nos sitúa en un porvenir donde la tecnología ha permitido al hombre romper las cadenas de la gravedad terrestre. Sin embargo, a diferencia de otras obras de la época que se centraban en la conquista violenta o en el "space opera" más ingenuo, la obra de Boixcar destila un humanismo profundo y reflexivo.
El eje central de la obra es la lucha del espíritu humano contra sus propias limitaciones y sombras. A través de sus páginas, asistimos a la colonización de planetas inhóspitos, encuentros con civilizaciones alienígenas de una nobleza superior y el desarrollo de máquinas prodigiosas. Pero el verdadero conflicto siempre es moral. Boixcar utiliza el escenario del futuro para lanzar preguntas muy presentes en su tiempo: ¿Es capaz el ser humano de gestionar el poder de la ciencia sin destruirse a sí mismo? ¿Podremos superar el egoísmo y la guerra cuando alcancemos las estrellas?
Visualmente, el cómic es una delicia técnica. El dibujo de Boixcar es célebre por su uso del "puntillismo" y un rayado finísimo que otorga a las naves espaciales, las ciudades flotantes y los trajes de los astronautas una textura casi tangible. Sus diseños de maquinaria no son meras fantasías; poseen una lógica ingenieril que hace que el lector crea que esos cohetes realmente podrían despegar. Las sombras, densas y dramáticas, envuelven a personajes que, lejos de ser héroes invulnerables, muestran en sus rostros la fatiga, la duda y la esperanza.
Otro aspecto fundamental es el tono de la narración. "El Mundo Futuro" huye del pesimismo distópico tan común hoy en día, pero también evita la alegría vacía. Es una obra de una seriedad poética. Los textos de apoyo, cargados de una retórica solemne y a veces mística, elevan la aventura a la categoría de epopeya filosófica. Cada número suele concluir con una moraleja o una reflexión sobre la paz universal, la fraternidad y el destino trascendente de la especie humana.
Para el lector contemporáneo, acercarse a "El Mundo Futuro" es realizar un ejercicio de arqueología cultural de primer nivel. Es descubrir cómo se imaginaba el mañana desde una óptica española, con una mezcla única de rigor técnico y espiritualidad. No encontrarán aquí batallas láser sin sentido, sino una exploración sobre la responsabilidad que conlleva el progreso.
En resumen, "El Mundo Futuro" de Boixcar es una obra maestra del dibujo y un hito de la ciencia ficción humanista. Es un viaje hacia lo desconocido que, paradójicamente, siempre termina mirando hacia el interior del corazón humano. Una pieza imprescindible para entender la evolución del cómic europeo y para dejarse maravillar por la capacidad de un artista para construir, con tinta y papel, un universo entero que todavía hoy, décadas después, sigue pareciendo asombrosamente vasto y lleno de maravillas.