El Llapiceru

El Llapiceru, obra fundamental del historietista asturiano Isaac del Rivero Sr., representa uno de los hitos más significativos de la narrativa gráfica española de finales de los años 70 y principios de los 80. Publicada originalmente de forma serializada y posteriormente recopilada, esta obra no solo es un ejercicio de memoria histórica, sino también un testimonio artístico de la resistencia y la identidad de un pueblo en uno de sus periodos más oscuros: la Guerra Civil Española y la inmediata posguerra en el norte de España.

La trama se sitúa en el abrupto y minero paisaje de Asturias, un escenario que Del Rivero conoce a la perfección y que retrata con una mezcla de realismo sucio y lirismo visual. El protagonista, que da nombre al cómic, es un joven apodado "El Llapiceru" (El Lápiz) debido a su extraordinaria habilidad para el dibujo. Esta característica no es un mero detalle biográfico, sino el eje sobre el cual pivota la narrativa: el protagonista utiliza su arte para documentar la realidad que le rodea, convirtiéndose en un cronista involuntario de la tragedia. A través de sus ojos, y de sus trazos, el lector es testigo de la caída del frente asturiano y el inicio de la vida en el monte para aquellos que se negaron a rendirse.

Narrativamente, el cómic se aleja de los maniqueísmos habituales del género bélico de la época. No busca la glorificación de la violencia, sino que se centra en la supervivencia, el miedo y la camaradería en condiciones extremas. La historia sigue el periplo de un grupo de huidos —los conocidos como "maquis"— que encuentran en las montañas asturianas su último refugio. El guion de Del Rivero destaca por su sobriedad; los diálogos son precisos, cargados de la idiosincrasia local, y permiten que sea la acción y el entorno los que dicten el ritmo de la lectura.

Uno de los puntos más fuertes de El Llapiceru es su tratamiento del espacio geográfico. Las montañas, los pozos mineros y las aldeas brumosas no son simples fondos, sino personajes activos que condicionan la vida de los protagonistas. La orografía asturiana se presenta como una aliada protectora y, al mismo tiempo, como una prisión inexpugnable. El autor logra transmitir la sensación de claustrofobia a cielo abierto que sentían los perseguidos, atrapados entre la vigilancia de las fuerzas de orden y la dureza del clima septentrional.

Desde el punto de vista gráfico, Isaac del Rivero despliega un dominio técnico magistral. Su estilo se encuadra en un realismo detallado, con un uso del claroscuro que enfatiza la atmósfera dramática de la obra. El entintado es denso, capaz de capturar la textura de la roca, la humedad de los bosques y el cansancio en los rostros de los personajes. La elección del blanco y negro es fundamental, ya que refuerza el tono documental y la sobriedad del relato, alejándolo de cualquier artificio innecesario. La composición de las viñetas es dinámica pero equilibrada, guiando al lector a través de secuencias de tensión bélica y momentos de introspección silenciosa.

Además de su valor intrínseco como cómic de aventuras y drama histórico, El Llapiceru posee una importancia cultural añadida. Fue una de las primeras obras en abordar la Guerra Civil en Asturias desde una perspectiva humana y cercana, alejada de la propaganda oficialista de décadas anteriores. Asimismo, su vinculación con la lengua y la cultura asturiana (reflejada tanto en el título como en ciertos giros lingüísticos y temáticos) lo convierte en un pilar del denominado "cómic asturiano", movimiento que buscaba dignificar el medio y utilizarlo como vehículo de expresión de la identidad regional.

En conclusión, El Llapiceru es una obra imprescindible para entender la evolución del cómic adulto en España. Es un relato sobre la pérdida de la inocencia, el valor del testimonio artístico y la lucha por la dignidad en tiempos de derrota. Isaac del Rivero Sr. no solo dibujó una historia de guerra; trazó un mapa emocional de una generación que, armada con poco más que un lápiz

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