El Lama Blanco es una de las obras más ambiciosas y representativas de la historieta europea de finales del siglo XX, fruto de la colaboración entre el guionista chileno Alejandro Jodorowsky y el dibujante francés Georges Bess. Publicada originalmente entre 1988 y 1993, esta saga se inscribe en el género de la aventura mística y el drama histórico, ofreciendo una visión profunda, aunque tamizada por el surrealismo, del Tíbet previo a la invasión china.
La narrativa arranca con la muerte del Gran Lama Mipam, una figura de inmenso poder espiritual que, antes de abandonar su cuerpo físico, anuncia su intención de reencarnarse para continuar guiando a su pueblo. Sin embargo, el destino —o el diseño kármico de Jodorowsky— dicta que su espíritu no regrese en un niño tibetano, sino en Gabriel Marpa, el hijo de una pareja de exploradores blancos que fallecen poco después de su nacimiento en las gélidas tierras del Himalaya. Este punto de partida establece el conflicto central de la obra: la lucha de un individuo por reclamar una herencia espiritual que le pertenece por alma, pero que le es negada por su apariencia externa y por las estructuras de poder corruptas.
A medida que Gabriel crece, la historia se divide en dos vertientes que avanzan en paralelo. Por un lado, asistimos al proceso de aprendizaje y despertar místico del protagonista, quien debe superar pruebas físicas y espirituales extremas para acceder a los secretos del budismo tántrico. Por otro lado, la obra retrata la degradación del monasterio que Mipam dejó atrás. Un lama corrupto y ambicioso ha tomado el control, sumiendo a la comunidad en la tiranía y alejándola de los preceptos de compasión y sabiduría. Este antagonista no solo representa un obstáculo político, sino que encarna la sombra espiritual que Gabriel debe transmutar.
El guion de Jodorowsky es característico de su estilo: directo, visceral y cargado de simbolismo. El autor utiliza el entorno del Tíbet para explorar temas recurrentes en su bibliografía, como la búsqueda de la identidad, la relación traumática con la figura paterna, la sexualidad como vía de trascendencia y la crueldad inherente a la naturaleza humana. A diferencia de otras obras más abstractas del autor, *El Lama Blanco* mantiene una estructura de epopeya clásica, con un héroe que recorre el camino del aprendizaje, enfrenta tentaciones y finalmente asume su destino.
El apartado visual de Georges Bess es, sencillamente, magistral. Su dibujo logra capturar la majestuosidad opresiva de las montañas del Tíbet y la minuciosidad de la iconografía budista. Bess destaca especialmente en la representación de lo invisible: las visiones místicas, los demonios internos y las proyecciones astrales están plasmados con un nivel de detalle que dota a lo sobrenatural de una presencia física tangible. Su uso de las sombras y la composición de las viñetas refuerzan la sensación de un mundo donde lo sagrado y lo profano conviven en una tensión constante.
La obra no es solo un relato sobre la reencarnación, sino una crítica mordaz a la institucionalización de la fe. Jodorowsky y Bess muestran cómo incluso las tradiciones más elevadas pueden ser pervertidas por el ego y la sed de poder. Gabriel Marpa, en su condición de "extranjero", actúa como el elemento disruptor que obliga al sistema a enfrentarse a sus propias contradicciones.
En resumen, *El Lama Blanco* es un cómic denso y fascinante que combina la aventura épica con la metafísica. Es una obra que exige una lectura atenta para desentrañar las capas de filosofía oriental que propone, pero que se disfruta igualmente como un relato de superación y justicia en un entorno exótico y brutal. Su relevancia reside en haber logrado traducir conceptos espirituales complejos al lenguaje del noveno arte sin perder la fuerza narrativa ni el impacto visual. Es, sin duda, una pieza fundamental para entender la evolución del cómic adulto de corte fantástico y espiritual.