El Incal, publicada originalmente entre 1980 y 1988, es considerada la obra cumbre de la historieta de ciencia ficción europea y una de las colaboraciones más influyentes en la historia del noveno arte. Fruto de la unión entre el guionista chileno Alejandro Jodorowsky y el dibujante francés Jean Giraud, conocido como Moebius, la obra nació de las cenizas del fallido proyecto cinematográfico para adaptar la novela *Dune*. El resultado es una epopeya mística, satírica y visualmente revolucionaria que redefine los límites de la narrativa gráfica.
La historia se sitúa en un futuro distópico, específicamente en la Ciudad-Pozo del planeta Ter21, una metrópolis vertical masiva donde la estratificación social es literal: las clases altas viven en los niveles superiores, bañados por la luz solar, mientras que los estratos más bajos subsisten en la oscuridad y la inmundicia de los niveles inferiores. El protagonista es John Difool, un detective de clase R, un antihéroe cobarde, egoísta y hedonista que dista mucho de los cánones heroicos tradicionales. Su vida cambia radicalmente cuando, durante una turbia misión en los niveles bajos, recibe de manos de un alienígena moribundo un objeto de poder incalculable: el Incal Luz.
El Incal no es un simple artefacto; es una entidad sensible con forma de pirámide cristalina que representa una fuerza cósmica fundamental. A partir de este hallazgo, Difool se convierte en el centro de una persecución a escala galáctica. Diversas facciones con intereses contrapuestos intentan hacerse con el objeto: los Tecnosacerdotes, una secta científica que adora la tecnología y busca sumergir al universo en la oscuridad; el Emperatriz, el gobernante andrógino de la galaxia; los Bergs, una raza alienígena de aspecto aviar que planea una invasión; y las fuerzas rebeldes que luchan contra la tiranía establecida.
A medida que la trama avanza, la narrativa transita de un relato de detectives con tintes de *cyberpunk* hacia una odisea metafísica de proporciones universales. John Difool no está solo en esta travesía. A él se une un grupo de personajes eclécticos que forman una suerte de familia disfuncional: Deepo, su fiel gaviota de hormigón capaz de hablar; el Metabarón, el guerrero más letal del universo; Solune, un niño con poderes mesiánicos; y Animah y Tanatah, dos hermanas que custodian secretos ancestrales. Juntos, deben superar pruebas que no solo desafían su supervivencia física, sino también su integridad espiritual.
El guion de Jodorowsky está profundamente impregnado de simbolismo, tarot, alquimia y conceptos de psicología junguiana. La obra funciona como un viaje de iniciación donde el protagonista debe evolucionar y desprenderse de sus vicios materiales para alcanzar un estado de conciencia superior. Sin embargo, este misticismo se equilibra con una sátira mordaz a la sociedad de consumo, la política corrupta y el fanatismo religioso, manteniendo siempre un ritmo trepidante propio de la *space opera*.
En el apartado visual, Moebius despliega una maestría técnica sin precedentes. Su diseño de la Ciudad-Pozo, con su arquitectura abigarrada y sus perspectivas vertiginosas, sentó las bases estéticas de gran parte de la ciencia ficción cinematográfica posterior. El uso del color, la expresividad de los personajes y la capacidad para plasmar conceptos abstractos y paisajes alienígenas con un detalle minucioso convierten a cada página en una pieza de estudio. Moebius logra que lo grotesco y lo sublime coexistan en un mismo panel, dotando a la obra de una atmósfera onírica y vibrante.
*El Incal* no es solo un cómic de aventuras espaciales; es un tratado sobre la dualidad humana, la lucha entre la luz y la sombra, y la búsqueda del propósito en un universo caótico. Su influencia se extiende más allá del papel, habiendo inspirado a cineastas, escritores y artistas de todo el mundo. Es una obra densa, compleja y visualmente deslumbrante que exige múltiples lecturas para desentrañar todas sus capas de significado, consolidándose como el pilar fundamental del denominado "Jodoverso".