El Hipnotizador

El Hipnotizador, obra gestada por la dupla argentina conformada por el guionista Pablo De Santis y el dibujante Juan Sáenz Valiente, se erige como una de las piezas más sofisticadas y atmosféricas de la narrativa gráfica contemporánea. Publicada originalmente por entregas en la revista *Fierro*, esta historieta trasciende el género del suspense para adentrarse en los laberintos de la psicología, la memoria y el peso ineludible del pasado.

La trama se sitúa en una urbe de estética atemporal, que evoca una Buenos Aires o una ciudad europea de mediados del siglo XX, sumida en una bruma de melancolía y claroscuros. El protagonista es Arenas, un hombre de modales pausados y mirada cansada que ejerce el oficio de hipnotizador. Sin embargo, Arenas no es un ilusionista de feria ni un charlatán de teatro; es un especialista en el "desentierro" de recuerdos. Su labor consiste en sumergir a sus clientes en trances profundos para recuperar objetos perdidos, resolver traumas olvidados o liberar secretos que el consciente ha decidido sepultar.

El eje central de la obra es la paradoja que define al protagonista: Arenas posee el don de inducir el sueño en los demás, pero él mismo es víctima de un insomnio perpetuo y devastador. Esta vigilia forzada no es una condición médica, sino el resultado de un antiguo enfrentamiento con un rival, el hipnotizador Darek. Esta némesis representa el reverso oscuro de la profesión: mientras Arenas busca la liberación a través del recuerdo, Darek utiliza la hipnosis como una herramienta de control, castigo y condena. El conflicto entre ambos no se resuelve mediante la violencia física, sino a través de una guerra de voluntades y sugestiones que se extiende a lo largo de los años.

Estructuralmente, el cómic se organiza de forma episódica. Arenas se hospeda en el Hotel Las Violetas, un lugar poblado por personajes errantes y solitarios. Cada capítulo presenta un caso distinto —un hombre que no puede olvidar una melodía, una mujer que busca un tesoro oculto en su infancia— que funciona como un relato autoconclusivo de corte fantástico o detectivesco. No obstante, estos casos actúan como espejos que reflejan la propia tragedia de Arenas, permitiendo al lector reconstruir, pieza a pieza, el rompecabezas de su pasado y la razón de su exilio espiritual.

El apartado visual de Juan Sáenz Valiente es fundamental para la construcción de este universo. Con un dibujo de línea clara pero cargado de texturas y un uso magistral de las sombras, el artista logra plasmar la naturaleza etérea de los sueños. La puesta en escena es cinematográfica, con encuadres que enfatizan la soledad de los personajes y la opresión de los espacios cerrados. Sáenz Valiente utiliza una paleta de colores (o una gestión del blanco y negro, dependiendo de la edición) que refuerza la sensación de estar ante un tiempo suspendido, donde la realidad y la alucinación se confunden en los bordes de la viñeta.

El guion de De Santis, por su parte, destaca por su economía verbal y su profundidad filosófica. Los diálogos son precisos, cargados de una poesía seca que evita el exceso de exposición. La obra explora temas universales: la imposibilidad de escapar de lo que fuimos, la culpa como motor de la existencia y la palabra como la única llave capaz de abrir las puertas del subconsciente.

En conclusión, El Hipnotizador es un cómic que exige una lectura atenta y reflexiva. No busca el impacto fácil, sino la inmersión del lector en un estado de trance similar al que experimentan los pacientes de Arenas. Es una exploración sobre el poder de la mente y la fragilidad de la identidad, consolidándose como un referente ineludible para quienes buscan en la historieta una forma de arte capaz de dialogar con la literatura y el psicoanálisis sin perder su esencia visual.

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