El Hijo de la Tormenta (*Le Fils de l'orage*), con guion de Manuel Bichebois y dibujo de Vincent Mallié, es una de las obras más sugerentes y visualmente potentes de la fantasía heroica europea de principios de los años 2000. Publicada originalmente por la editorial francesa Les Humanoïdes Associés, esta serie logra distanciarse de los tropos más manidos del género para ofrecer una fábula épica que combina el misticismo, la supervivencia y una profunda conexión con las fuerzas elementales de la naturaleza.
La trama se sitúa en un mundo agreste y primitivo, donde la geografía y el clima dictan las leyes de la existencia. La historia arranca con un evento sobrenatural: tras una tormenta de una violencia inaudita, un bebé es hallado en el corazón de un bosque por un grupo de aldeanos. Este niño, bautizado como Perne, no es un huérfano común. Su llegada coincide con fenómenos atmosféricos inexplicables y su propia fisonomía —marcada por unos ojos inquietantes y una naturaleza esquiva— lo señala desde el principio como un ser ajeno a la comunidad que lo acoge.
A medida que Perne crece, la narrativa se centra en su condición de paria. A pesar de los esfuerzos de su padre adoptivo por integrarlo en la vida de la aldea de Ocre, el joven es visto con recelo y temor por el resto de los habitantes. Este conflicto inicial sirve para establecer uno de los pilares del cómic: la tensión entre la civilización (representada por la aldea y sus rígidas normas sociales) y lo salvaje (encarnado por Perne y la tormenta que parece seguirle los pasos). El protagonista es un personaje silencioso, cuya evolución no se da a través de grandes discursos, sino mediante su interacción con un entorno que parece reconocerlo como parte de sí mismo.
El detonante de la aventura surge cuando el pasado de Perne y la verdadera naturaleza de su origen comienzan a manifestarse de forma violenta. El mundo de *El Hijo de la Tormenta* está regido por fuerzas antiguas que la humanidad ha olvidado o ha decidido ignorar. La búsqueda de identidad del protagonista lo lleva a abandonar la seguridad de lo conocido para adentrarse en territorios inhóspitos, donde descubrirá que su destino está intrínsecamente ligado al equilibrio del mundo y a una estirpe de seres que dominan los elementos.
En el apartado artístico, Vincent Mallié realiza un trabajo excepcional que eleva la obra por encima de la media del género. Su estilo, que bebe de la tradición de la *bande dessinée* clásica pero con un dinamismo moderno, destaca por la expresividad de los personajes y, sobre todo, por la representación del entorno. Los paisajes no son meros fondos; son personajes en sí mismos. Mallié logra capturar la humedad de los bosques, la aridez de las montañas y, de manera magistral, la furia de las tormentas. El uso del color es fundamental para transmitir la atmósfera opresiva y mágica que impregna cada página, utilizando paletas que oscilan entre los tonos tierra de la vida cotidiana y los azules y grises eléctricos de los momentos sobrenaturales.
Bichebois, por su parte, construye un guion sólido que evita las explicaciones excesivas. El autor confía en la inteligencia del lector y en la capacidad narrativa del dibujo para desvelar los misterios de la trama. La mitología del mundo se va construyendo de forma orgánica, a través de leyendas locales y encuentros fortuitos, lo que genera una sensación de inmersión total. No estamos ante una historia de buenos contra malos de manual, sino ante un relato sobre el lugar que ocupa el individuo en un cosmos vasto e indiferente.
En conclusión, *El Hijo de la Tormenta* es una obra imprescindible para los amantes del cómic de aventuras y fantasía que busquen algo más que acción superficial. Es una reflexión sobre la alteridad, el miedo a lo diferente y la inevitable llamada de la propia naturaleza. A través de la figura de Perne, los autores nos invitan a un viaje iniciático donde el trueno y el rayo no son solo amenazas, sino la voz de un legado que reclama su lugar en el mundo. Una pieza de narrativa gráfica que destaca por su equilibrio entre la sensibilidad emocional y la espectacularidad visual.