El fondo del mundo

El fondo del mundo, la obra más reciente del maestro gallego Miguelanxo Prado, se erige como una de las piezas más introspectivas y visualmente subyugantes de la narrativa gráfica contemporánea. Publicada por Norma Editorial, esta novela gráfica no solo confirma la madurez creativa de su autor, sino que profundiza en las obsesiones temáticas que han definido su carrera: la memoria, el paso del tiempo, la fragilidad de la realidad y la relación del ser humano con lo intangible.

La premisa de la obra nos presenta a Xurxo, un hombre común cuya existencia se ve alterada de forma irreversible por un suceso que desafía toda lógica física. Sin previo aviso, Xurxo cae. No es una caída accidental por un precipicio convencional, sino un descenso metafísico a través de las costuras de la realidad. Este incidente lo transporta a un lugar que da título a la obra: el fondo del mundo. Este espacio no es un infierno ni una dimensión paralela de ciencia ficción al uso, sino un receptáculo de lo olvidado, lo perdido y lo descartado. Es el sedimento de la existencia humana, donde terminan tanto los objetos materiales como los recuerdos y las ideas que han dejado de tener un lugar en la superficie de la vida cotidiana.

Narrativamente, Prado estructura el cómic como una fábula filosófica. Acompañamos a Xurxo en un periplo de descubrimiento donde la supervivencia no depende de la fuerza física, sino de la capacidad de comprensión y adaptación a unas reglas que operan bajo una lógica onírica. En este "fondo", el protagonista se encuentra con otros personajes que, al igual que él, han quedado varados en este limbo. A través de estos encuentros, la obra explora la identidad individual y colectiva. ¿Qué queda de nosotros cuando perdemos nuestro contexto, nuestras posesiones y nuestra historia? La interacción entre los habitantes de este lugar sirve para reflexionar sobre la condición humana y la persistencia del ser frente a la nada.

El guion de Prado huye de las explicaciones farragosas. El autor confía en la inteligencia del lector para navegar por una trama que se siente como un poema visual. No hay una urgencia por resolver un conflicto externo mediante la acción, sino una invitación a la contemplación. El ritmo es pausado, permitiendo que el peso de la atmósfera se asiente en cada página. La melancolía impregna el relato, pero no desde una tristeza paralizante, sino desde una aceptación serena de la transitoriedad de las cosas.

En el apartado artístico, *El fondo del mundo* es una exhibición de maestría técnica. Prado utiliza su característica técnica pictórica, donde el color no es un mero relleno, sino el motor narrativo principal. La paleta cromática evoluciona para diferenciar la realidad tangible de la abstracción del fondo. Los tonos ocres, azules profundos y grises atmosféricos crean una sensación de profundidad y textura que casi se puede palpar. El diseño de los escenarios es fundamental: el autor logra dotar de una belleza sobrecogedora a paisajes compuestos por detritos y fragmentos de mundos olvidados. La arquitectura de este lugar es cambiante y simbólica, reflejando el estado interno de quienes lo habitan.

El dibujo de los personajes también merece mención. Xurxo posee una expresividad contenida; sus ojos reflejan el asombro y el desconcierto de quien ha perdido el suelo bajo sus pies. La capacidad de Prado para capturar la humanidad en los rostros, incluso en los momentos de mayor abstracción, es lo que ancla la historia y evita que se convierta en un ejercicio puramente intelectual.

*El fondo del mundo* es, en esencia, una meditación sobre la invisibilidad. Nos habla de todo aquello que decidimos no ver o que el ritmo frenético de la modernidad nos obliga a ignorar. Es un recordatorio de que bajo la superficie de nuestra realidad ordenada existe un estrato de sombras y ecos que nos define tanto como lo que está a plena luz. Para el lector de cómics, esta obra representa una oportunidad de ver a un autor en la cima de sus facultades, utilizando el lenguaje de las viñetas para explorar conceptos que a menudo escapan a las palabras. Es una lectura que exige silencio y atención, recompensando al lector con una experiencia estética y emocional que perdura mucho después de cerrar el libro. Sin recurrir a artificios ni a giros de guion efectistas, Miguelanxo Prado entrega una obra honesta, profunda y visualmente impecable que se sitúa como un referente ineludible del cómic de autor europeo.

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