El Etrusco (originalmente titulada *Le Fils de Pan*), obra del autor italiano Fabrizio Dori, se posiciona como una de las novelas gráficas más ambiciosas y visualmente deslumbrantes de la última década. Publicada originalmente en Francia y posteriormente traducida al español, esta obra no es solo un relato de aventuras, sino una profunda meditación sobre la persistencia del mito en un mundo desencantado, estructurada a través de un viaje tanto físico como metafísico por la geografía italiana.
La narrativa sigue a Eustis, un personaje que, a primera vista, parece un vagabundo alcohólico y melancólico que deambula por las carreteras de la Toscana contemporánea. Sin embargo, Eustis oculta una naturaleza divina: es un antiguo seguidor del dios Pan, un sátiro que ha quedado atrapado en el mundo de los hombres tras la desaparición de las deidades antiguas. Su existencia es una agonía de nostalgia; vive en un presente que no comprende, añorando una era de éxtasis dionisíaco y comunión con la naturaleza que parece haber muerto con el anuncio de que "el gran Pan ha fallecido".
El conflicto motor de la obra surge cuando Eustis se encuentra con un espíritu, un adivino etrusco que porta una máscara de oro y que actúa como guía psicopompo. Este enigmático personaje le ofrece a Eustis una última oportunidad para abandonar el mundo de los mortales y regresar al "Gran Más Allá", el reino de los mitos. Para lograrlo, deben emprender un viaje hacia una puerta ancestral cuya ubicación se ha perdido en el tiempo. A partir de esta premisa, Dori construye una *road movie* espiritual donde el paisaje italiano se transforma, revelando las capas de historia y leyenda que subyacen bajo el asfalto y los viñedos.
Desde el punto de vista técnico y artístico, *El Etrusco* es un prodigio de la narrativa visual. Fabrizio Dori rompe con las convenciones del dibujo tradicional de línea clara para abrazar un estilo pictórico que bebe directamente del postimpresionismo y el simbolismo. Es imposible leer esta obra sin percibir la influencia de Vincent van Gogh en los cielos arremolinados y vibrantes, o de Paul Gauguin en el uso expresivo y antinaturalista del color. Dori utiliza el color no para describir la realidad, sino para transmitir el estado emocional de los personajes y la carga mágica del entorno. Los amarillos intensos, los azules profundos y los rojos terrosos delimitan la frontera entre lo cotidiano y lo sagrado.
La estructura del cómic alterna entre el presente de la búsqueda y pasajes que evocan la iconografía de la cerámica griega y el arte funerario etrusco. Esta hibridación visual permite que el lector experimente la misma dualidad que el protagonista: la sensación de que el pasado no es algo muerto, sino una fuerza latente que espera el estímulo adecuado para manifestarse. La obra explora temas como la pérdida de la identidad, la alienación del hombre moderno respecto a la naturaleza y la función del arte como puente hacia lo trascendente.
Eustis funciona como un arquetipo trágico. Su alcoholismo es presentado como un sustituto degradado del antiguo frenesí divino; busca en el vino una conexión con lo sagrado que el mundo moderno le niega. El guía etrusco, por su parte, representa la sabiduría de una civilización que entendía la muerte no como un final, sino como un tránsito, aportando un contrapunto intelectual y místico a la impulsividad del sátiro.
En conclusión, *El Etrusco* es una obra fundamental para entender el cómic europeo contemporáneo. Fabrizio Dori logra una sinergia perfecta entre fondo y forma, donde la belleza plástica de cada viñeta está al servicio de una historia sobre la búsqueda de redención y el deseo universal de encontrar un lugar al cual pertenecer. Es una invitación a mirar el mundo con otros ojos, sugiriendo que, si prestamos suficiente atención, los ecos de los antiguos dioses aún resuenan en los rincones olvidados de nuestra realidad. Una pieza imprescindible que reivindica la capacidad de la novela gráfica para abordar la mitología desde una perspectiva fresca, lírica y profundamente humana.