El Estornino, la obra escrita e ilustrada por el autor catalán Ernest Sala, se erige como una de las propuestas más fascinantes y visualmente arrolladoras del cómic europeo contemporáneo. Tras su exitosa adaptación al noveno arte de la *Trilogía del Baztán*, Sala se embarca en su primer proyecto de autoría total, ofreciendo una fábula de tintes *steampunk* y fantasía oscura que destaca por su profundidad temática y su apabullante diseño de producción.
La historia nos traslada a la ciudad de Ocre, una metrópolis industrial, laberíntica y asfixiante, donde la arquitectura parece devorar a sus habitantes. Ocre no es solo un escenario; es un organismo vivo definido por la desigualdad social, el hollín de las chimeneas y una estructura vertical que separa físicamente a las élites de las clases trabajadoras. En este entorno gris y opresivo, la libertad es un concepto olvidado, sustituido por la rutina mecánica de la supervivencia diaria.
La protagonista de este relato es Elna, una joven que trabaja en una lavandería industrial, sumida en la monotonía de un sistema que anula la individualidad. Su vida cambia drásticamente cuando entra en contacto con la figura de El Estornino, un misterioso personaje enmascarado que se mueve por los tejados de la ciudad desafiando el orden establecido. El Estornino no es un héroe convencional; es una entidad esquiva, una leyenda urbana que encarna el deseo de rebelión y la búsqueda de algo más allá de los muros de Ocre.
El motor narrativo de la obra se activa cuando Elna encuentra una máscara similar a la del legendario proscrito. Este hallazgo no solo la pone en el punto de mira de las autoridades y de las fuerzas que controlan la ciudad, sino que inicia un proceso de transformación interna. A través de sus ojos, el lector descubre los secretos que esconden los niveles inferiores de Ocre y la verdadera naturaleza de la opresión que sufren sus ciudadanos. La trama se construye como un viaje de autodescubrimiento y resistencia, donde el misterio sobre la identidad del Estornino original sirve de hilo conductor para explorar conceptos como la memoria colectiva y el sacrificio.
Uno de los pilares fundamentales de este cómic es su apartado visual. Ernest Sala despliega un dominio magistral de la acuarela y el dibujo detallado. El diseño de Ocre bebe de la estética victoriana y la arquitectura industrial del siglo XIX, pero con un giro fantástico que le otorga una personalidad única. El uso del color es narrativo: los tonos ocres, grises y sepias dominan la atmósfera de la ciudad, subrayando la falta de esperanza, mientras que ciertos elementos simbólicos rompen esa paleta para guiar la atención del lector hacia la chispa de la rebelión.
El ritmo de la narración es pausado pero implacable. Sala se toma su tiempo para construir la atmósfera, permitiendo que el lector se pierda en los detalles de las viñetas, para luego acelerar en secuencias de acción dinámicas que aprovechan la verticalidad de la ciudad. La narrativa visual es sumamente orgánica, con composiciones de página que reflejan el caos y la opresión del entorno urbano.
Temáticamente, *El Estornino* es una crítica mordaz a las estructuras de poder y a la deshumanización del trabajo. Los pájaros, y en particular el estornino, funcionan como una metáfora recurrente de la libertad y la capacidad de volar por encima de las limitaciones impuestas. La obra plantea preguntas incómodas sobre qué estamos dispuestos a arriesgar para romper nuestras cadenas y si es posible mantener la integridad en un mundo diseñado para corromperla.
En conclusión, *El Estornino* es una obra imprescindible para los amantes del cómic que buscan historias con trasfondo social envueltas en una estética de fantasía rica y detallada. Ernest Sala confirma su madurez como narrador completo, entregando una novela gráfica que es, a