El Espiritu Perdido-Messire Guillaume

Messire Guillaume, publicada en español bajo el título integral El Espíritu Perdido, es una de las obras más introspectivas y visualmente cautivadoras del cómic europeo contemporáneo. Fruto de la colaboración entre el guionista Serge Lehman y el dibujante Matthieu Bonhomme, esta trilogía (compuesta originalmente por los álbumes *L'Esprit perdu*, *Le Pays de vérité* y *L'Enchanteur*) se aleja de los tropos convencionales de la aventura medieval para adentrarse en un relato iniciático donde la frontera entre la realidad histórica y el misticismo es deliberadamente difusa.

La historia se sitúa en la Francia de 1338, en los albores de lo que más tarde se conocería como la Guerra de los Cien Años. El protagonista es Guillaume, un niño de apenas diez años y heredero de una familia noble venida a menos. La trama se dispara tras la desaparición de su padre, el caballero Guillaume de Saunhac, quien no regresa de una expedición militar. Mientras los adultos de su entorno —incluida su madre— aceptan la pérdida como una fatalidad inevitable de la época, el joven Guillaume se niega a creer en la muerte de su progenitor. Impulsado por una fe inquebrantable y por una serie de visiones que otros tachan de locura o fantasía infantil, el niño está convencido de que el espíritu de su padre está atrapado y que solo él puede liberarlo.

El núcleo narrativo se centra en el viaje que Guillaume emprende para encontrar a su padre, una odisea que no realiza solo, ya que su hermana mayor, Helis, decide acompañarlo. Helis actúa como el contrapunto racional y protector, representando la transición hacia la madurez y la aceptación de la dureza del mundo real, mientras que Guillaume personifica la pureza de la infancia y la conexión con lo invisible. A lo largo de su periplo por una geografía francesa hostil y boscosa, los hermanos se encuentran con personajes que parecen extraídos de las leyendas artúricas o del folclore campesino, pero tratados siempre con un barniz de realismo sucio y tangible.

Uno de los mayores logros de Lehman en el guion es la ambigüedad con la que maneja los elementos sobrenaturales. El lector nunca tiene la certeza absoluta de si los fenómenos que presencia Guillaume son manifestaciones mágicas reales o proyecciones psicológicas de un niño traumatizado por el duelo. Esta incertidumbre eleva la obra por encima del género de "espada y brujería" tradicional, convirtiéndola en una exploración sobre la pérdida, la persistencia de la memoria y la construcción de los mitos personales.

En el apartado visual, Matthieu Bonhomme demuestra por qué es uno de los dibujantes más respetados del medio. Su estilo, heredero de la línea clara pero enriquecido con una textura orgánica y un uso magistral de las sombras, dota a la obra de una atmósfera melancólica y envolvente. Bonhomme utiliza una paleta de colores terrosos y apagados que refuerza la sensación de estar ante un mundo antiguo, frío y peligroso. El diseño de personajes es sobrio pero extremadamente expresivo, logrando que el peso emocional de la búsqueda de Guillaume se transmita a través de silencios y miradas más que de diálogos explicativos.

La narrativa visual se apoya en una composición de página clásica que, sin embargo, sabe romper el ritmo cuando la historia lo requiere, especialmente en las secuencias donde la naturaleza cobra un protagonismo casi panteísta. Los paisajes no son meros fondos, sino entidades que parecen observar a los protagonistas, acentuando

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