El Cuarto Poder

El Cuarto Poder, escrita e ilustrada por el maestro argentino Juan Giménez, es una de las cumbres de la ciencia ficción en el noveno arte. Publicada originalmente a finales de la década de los 80 y expandida en años posteriores, esta obra representa la quintaesencia de la "space opera" madura, donde la complejidad tecnológica se funde con dilemas metafísicos y una crítica mordaz a las estructuras de poder.

La trama se sitúa en el siglo XXVI, en un universo devastado por una guerra interminable y de proporciones titánicas entre dos facciones principales: los humanos (representados por el sector de los Krommianos) y los Nibiru, una raza alienígena hostil. En este contexto de estancamiento bélico, donde los recursos se agotan y la moral desaparece, surge un proyecto científico secreto de una ambición aterradora. El objetivo es crear el arma definitiva, pero no se trata de una nave de combate o una bomba de antimateria, sino de una entidad psíquica superior denominada "El Cuarto Poder".

Este poder es el resultado de un experimento de ingeniería genética y mental que busca unificar las capacidades cerebrales de cuatro individuos específicos. La protagonista central es Gal, una joven piloto que, sin saberlo, es la pieza clave de este rompecabezas. Gal posee una de las cuatro mentes destinadas a fusionarse para dar vida a un ser con capacidades casi divinas, capaz de manipular la materia y la energía a escala cósmica. La premisa del cómic sigue el despertar de Gal y su lucha por mantener su identidad mientras es perseguida por corporaciones, ejércitos y facciones políticas que desean controlar el inmenso potencial que reside en su interior.

Narrativamente, Giménez construye un relato denso donde la política galáctica y la supervivencia individual se entrelazan. La obra no se limita a la acción frenética, sino que explora la deshumanización que conlleva el progreso militar. Los personajes secundarios, desde científicos sin escrúpulos hasta mercenarios y líderes militares, sirven para ilustrar un universo cínico donde el individuo es solo una herramienta para el estado o la especie. La búsqueda de Gal no es solo una huida física a través de sistemas estelares, sino un viaje introspectivo sobre lo que significa ser humano cuando se tiene el poder de un dios.

En el apartado visual, *El Cuarto Poder* es, sencillamente, un despliegue de maestría técnica. Juan Giménez, reconocido mundialmente por su trabajo en *La Casta de los Metabarones*, alcanza aquí una de sus cotas más altas de detalle. Su estilo se caracteriza por un realismo sucio y tecnológico que él mismo denominaba "tecnobarroco". Cada viñeta está saturada de información: desde el diseño de las cabinas de mando, llenas de cables, pantallas y texturas metálicas desgastadas, hasta los vastos paisajes de planetas desolados y estaciones espaciales que parecen organismos vivos.

El uso del color es fundamental en la narrativa de la obra. Giménez utiliza una paleta cromática rica, con degradados manuales que aportan una profundidad tridimensional a las escenas. Los efectos de luz, las explosiones y las manifestaciones de los poderes psíquicos están representados con una intensidad que salta de la página, logrando que el lector sienta la magnitud de las fuerzas en juego. La anatomía humana y alienígena está tratada con un rigor excepcional, permitiendo que la expresividad de los rostros transmita la angustia y la fatiga de una guerra que parece no tener fin.

Estructuralmente, el cómic comenzó como una historia autoconclusiva que luego se expandió en una saga de varios volúmenes. Esta expansión permitió a Giménez profundizar en la mitología de este universo, explorando las consecuencias de la existencia de un poder tan absoluto. La obra evita los tropos simplistas del bien contra el mal; en su lugar, presenta una escala de grises donde la supervivencia y la ambición son los motores principales de la historia.

En conclusión, *El Cuarto Poder* es una lectura obligatoria para cualquier entusiasta del género. Es una obra que exige atención, no solo por la complejidad de su trama política y filosófica, sino por la riqueza de un apartado gráfico que sigue siendo un referente en la industria. Juan Giménez no solo dibujó una historia de naves espaciales; creó un ecosistema visual y narrativo que cuestiona la ética de la ciencia y el precio de la supremacía absoluta en un cosmos indiferente. Es, en definitiva, un testamento del talento de un autor que entendía la ciencia ficción como el escenario perfecto para examinar las ambiciones más oscuras de la humanidad.

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