El Cosaco Verde

Dentro del vasto y glorioso panteón de la historieta clásica española, existe un título que, aunque a menudo camina a la sombra de gigantes como *El Capitán Trueno* o *El Jabato*, brilla con una luz propia y una identidad visual inconfundible: El Cosaco Verde. Publicado originalmente por la mítica Editorial Bruguera a partir de 1960, este cómic representa uno de los puntos álgidos de la aventura épica en el formato de cuaderno apaisado, transportando a los lectores de la época a un escenario tan exótico como implacable: las estepas de la Rusia imperial.

La obra nació de la pluma del incansable Víctor Mora —quien firmaba bajo el seudónimo de Víctor Alcázar para diversificar su inmensa producción— y contó con el dibujo dinámico y detallista de Fernando Costa. Juntos, crearon una epopeya que combinaba el rigor histórico idealizado con la acción más trepidante, logrando que el lector sintiera el frío de la nieve y el galope de los caballos en cada viñeta.

La trama nos presenta a Krisna, un joven y noble cosaco cuya figura se recorta contra el horizonte vestida con su icónica indumentaria de color verde, un rasgo distintivo que le otorga su nombre de batalla. Krisna no es simplemente un guerrero; es un símbolo de justicia en una tierra convulsa. La historia se ambienta en una Rusia decimonónica, un territorio de contrastes brutales donde la majestuosidad de los palacios de San Petersburgo choca con la dureza de la vida en las fronteras del Cáucaso y las llanuras siberianas.

El motor narrativo de *El Cosaco Verde* sigue la exitosa fórmula de los "tríos" de Víctor Mora, pero adaptada al folclore eslavo. Krisna, el héroe equilibrado, valiente y de moral inquebrantable, no está solo en sus peripecias. Lo acompañan dos personajes que aportan el contrapunto necesario para redondear la dinámica del grupo: Oleg, el gigante de fuerza hercúlea y corazón noble que representa la potencia física, y Mijail, el personaje menudo y glotón que asume el rol de alivio cómico, siempre obsesionado con su próximo banquete pero capaz de demostrar una lealtad a prueba de fuego en los momentos críticos.

A diferencia de otros héroes de la época que vagaban por un mundo medieval genérico, *El Cosaco Verde* se sumerge de lleno en la idiosincrasia rusa. Sus aventuras llevan al grupo a enfrentarse no solo a bandidos y tiranos locales, sino también a las intrigas políticas que amenazan la estabilidad del Imperio. El sentido de la aventura es constante: desde persecuciones en trineos bajo tormentas de nieve hasta duelos a sable en fortalezas recónditas. La serie destaca por su capacidad para retratar la lucha contra la opresión, un tema recurrente en la obra de Mora, donde Krisna actúa a menudo como el defensor de los humildes frente a los abusos de los boyardos corruptos o los invasores extranjeros.

Visualmente, el trabajo de Fernando Costa es excepcional. Su estilo se aleja de la rigidez para abrazar un movimiento fluido que captura a la perfección la velocidad de las cargas de caballería. El diseño de los uniformes, las cúpulas bulbosas de las iglesias ortodoxas y los paisajes desolados dotan a la obra de una atmósfera única que la diferenciaba radicalmente de las aventuras de cruzados o romanos tan comunes en los quioscos de entonces.

En definitiva, *El Cosaco Verde* es mucho más que un tebeo de consumo rápido; es una pieza fundamental de la cultura popular española que supo capturar la imaginación de una generación. Leer sus páginas hoy es realizar un viaje nostálgico a una forma de entender el heroísmo basada en el honor, la amistad y la búsqueda incansable de la libertad. Es una invitación a cabalgar por la estepa, con el viento en la cara y la justicia como única brújula, en una de las sagas más vibrantes y visualmente cautivadoras que ha dado la narrativa gráfica en castellano. Sin duda, una obra imprescindible para cualquier estudioso o amante del noveno arte que desee comprender la evolución del cómic de aventuras en España.

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