El corazón en Islandia (*Le Cœur en Islande*), publicada originalmente en 1996 dentro de la prestigiosa colección *Aire Libre* de la editorial belga Dupuis, es una de las obras más introspectivas y visualmente cautivadoras de Pierre Fournier, conocido artísticamente como Makyo. En esta novela gráfica, el autor se aleja de sus registros más fantásticos o de aventuras para sumergirse en un drama psicológico y romántico que utiliza la geografía islandesa no solo como escenario, sino como un personaje vivo y determinante en la narrativa.
La trama se centra en Jean, un hombre cuya existencia parece suspendida en una monotonía gris y carente de estímulos vitales. El motor del relato se activa cuando Jean descubre, de manera fortuita, una fotografía de una mujer llamada Solveig. Esta imagen, capturada en la inmensidad de los paisajes islandeses, ejerce sobre él una fascinación inmediata y absoluta. La belleza de la mujer, unida a la crudeza del entorno que la rodea, despierta en el protagonista una obsesión que lo empuja a abandonar su vida cotidiana y emprender un viaje hacia el norte, hacia una tierra que desconoce, con el único objetivo de encontrar a la dueña de ese rostro.
El cómic se estructura como una *road movie* emocional y geográfica. A medida que Jean se interna en la isla de hielo y fuego, la historia se despoja de artificios para centrarse en la búsqueda de lo idealizado. Makyo maneja con maestría la tensión entre la realidad y la fantasía: Jean no busca a una persona real, sino a la proyección que ha construido a partir de una fotografía. Este viaje se convierte en una exploración de la soledad y de la necesidad humana de encontrar un sentido, incluso si este nace de una quimera.
Desde el punto de vista artístico, *El corazón en Islandia* representa uno de los puntos álgidos en la carrera de Makyo como autor completo. Su dibujo, de línea clara pero sensible, se apoya en una narrativa visual pausada que permite al lector respirar el aire gélido de la isla. El uso del color es fundamental; las acuarelas capturan la luz cambiante de Islandia, desde los verdes musgosos y los grises volcánicos hasta los azules profundos de los glaciares. La naturaleza se presenta imponente, subrayando la pequeñez del ser humano frente a los elementos. Los silencios y las secuencias contemplativas son tan importantes como los diálogos, logrando que el lector experimente la misma sensación de aislamiento y asombro que el protagonista.
A nivel temático, la obra profundiza en la incomunicación y en el choque cultural. Jean es un extranjero, tanto física como emocionalmente, que intenta descifrar los códigos de una sociedad y un paisaje que le resultan ajenos. La figura de Solveig, siempre esquiva, funciona como el eje sobre el cual giran las reflexiones sobre el deseo, la pérdida y la redención. Makyo evita los clichés del romance convencional para ofrecer una visión más amarga y honesta de lo que significa perseguir un sueño.
En conclusión, *El corazón en Islandia* es una obra fundamental del cómic europeo de finales del siglo XX. Es un relato que apela a la sensibilidad del lector, invitándolo a reflexionar sobre la naturaleza de nuestras obsesiones y la capacidad de los paisajes para transformar nuestra arquitectura interior. Sin recurrir a giros de guion efectistas, Makyo construye una historia sólida, coherente y profundamente humana que perdura en la memoria gracias a su atmósfera melancólica y su impecable factura visual. Es, en esencia, un viaje hacia el interior de uno mismo a través de los confines del mundo.