El Cielo Sobre Bruselas (*Le Ciel au-dessus de Bruxelles*), obra del prestigioso autor belga Yslaire (Bernard Hislaire), representa uno de los ejercicios más ambiciosos de la historieta europea contemporánea al intentar capturar el *zeitgeist* de la Europa de principios del siglo XXI. Publicada originalmente en dos volúmenes entre 2006 y 2007, esta novela gráfica se aleja del romanticismo histórico de su obra magna, *Sambre*, para sumergirse en una realidad cruda, inmediata y profundamente política.
La trama se sitúa en un momento histórico quirúrgico: febrero de 2003. El mundo contiene el aliento ante la inminente invasión de Irak por parte de la coalición liderada por Estados Unidos. Bruselas, como capital administrativa de Europa y sede de la OTAN, se convierte en el epicentro de una tensión palpable. En este escenario de protestas masivas y paranoia post-11 de septiembre, Yslaire teje una historia que es, a la vez, un drama íntimo y una crónica geopolítica.
El protagonista es Yvan, un joven de veinte años, cínico y desubicado, que carga con el peso de una herencia familiar compleja y un pasado marcado por la figura de su padre. Yvan encarna la apatía y el desencanto de una generación que observa el colapso de las ideologías desde la barrera. Su vida da un vuelco cuando conoce a Noor, una joven de origen árabe, cuya identidad y convicciones actúan como un espejo y, al mismo tiempo, como un muro frente a la visión del mundo de Yvan.
La relación entre ambos no es un romance convencional; es un choque de civilizaciones a escala humana. A través de sus encuentros, Yslaire explora la otredad, el prejuicio y la dificultad de comunicación en una era supuestamente hiperconectada. La narrativa se apoya fuertemente en el uso de las nuevas tecnologías de la época —chats de internet, cámaras digitales, teléfonos móviles—, herramientas que, lejos de unir a los personajes, a menudo subrayan su aislamiento y la fragmentación de la realidad.
Visualmente, *El Cielo Sobre Bruselas* es una obra revolucionaria en la trayectoria del autor. Yslaire abandona el dibujo tradicional para abrazar plenamente las herramientas digitales, creando una estética que mezcla la fotografía retocada con el dibujo pictórico. La paleta de colores está dominada por tonos fríos, azules metálicos y grises plomizos que evocan el cielo perpetuamente encapotado de la capital belga. Este tratamiento cromático no es meramente estético; refuerza la atmósfera de vigilancia, melancolía y urgencia que impregna cada página. El cielo, mencionado en el título, actúa como un personaje omnipresente: un espacio que antes pertenecía a los pájaros y a los sueños, pero que ahora está saturado de señales de satélite, aviones de guerra y una amenaza invisible.
La estructura del cómic es densa y fragmentaria. El autor utiliza composiciones de página complejas, donde las viñetas se superponen a menudo con capturas de pantalla o textos de noticias, creando una sensación de sobreinformación que refleja el caos informativo de la era moderna. El ritmo es pausado pero cargado de una tensión latente, centrando la atención en los diálogos filosóficos y en los silencios cargados de significado.
Temáticamente, la obra disecciona la identidad europea frente al espejo del conflicto en Oriente Medio. Yslaire cuestiona si es posible el amor y la comprensión mutua cuando las estructuras políticas y religiosas empujan a los individuos hacia el enfrentamiento. No ofrece respuestas fáciles ni finales complacientes; en su lugar, entrega una reflexión amarga sobre la pérdida de la inocencia de un continente que se creía a salvo de la historia.
En definitiva, *El Cielo Sobre Bruselas* es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic de autor en el nuevo milenio. Es una obra que exige una lectura