El Capitán Judas

El Capitán Judas, obra del polifacético y virtuoso autor Juan Arranz, representa uno de los hitos más sofisticados de la historieta de aventuras española de finales de los años 60 y principios de los 70. Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *Gaceta Junior* a partir de 1969, esta obra se desmarca de los cánones del tebeo de aventuras juvenil tradicional para ofrecer una propuesta visual y narrativa de una madurez técnica abrumadora.

La trama nos sitúa en pleno siglo XVIII, en el convulso escenario del Mar Caribe y el Océano Atlántico, una época donde las potencias coloniales se disputaban la hegemonía de las rutas comerciales y la piratería era tanto una amenaza como una herramienta política. El protagonista, que da nombre a la serie, es un personaje que rompe con el arquetipo del héroe inmaculado. El Capitán Judas es un hombre de mar curtido, cuya psicología está marcada por un pasado de traiciones y una ambigüedad moral que lo sitúa más cerca del antihéroe que del caballero andante. Su apodo, cargado de connotaciones bíblicas sobre la deslealtad, no es gratuito: refleja a un hombre que vive al margen de las leyes establecidas, movido por un código de honor propio que a menudo choca con los intereses de las coronas europea y los gobernadores locales.

Narrativamente, el cómic se estructura a través de misiones y peripecias que llevan a Judas y a su tripulación a enfrentarse no solo a tormentas y batallas navales, sino a intrigas políticas de alto nivel. La serie evita los maniqueísmos habituales de la época; aquí no hay una distinción clara entre "buenos" y "malos" basada únicamente en la bandera que ondea en el mástil. Los personajes secundarios, desde los oficiales de la marina real hasta los más humildes marineros, están dotados de una tridimensionalidad que enriquece el trasfondo de cada aventura.

El aspecto donde *El Capitán Judas* alcanza la excelencia absoluta es, sin duda, en su apartado gráfico. Juan Arranz despliega un dominio del dibujo realista que lo sitúa a la altura de los grandes maestros internacionales del género. Su trazo es minucioso, casi obsesivo en el detalle técnico. La representación de los navíos de línea, las fragatas y los bergantines es de una precisión documental asombrosa, capturando la complejidad de la jarcia, el velamen y la arquitectura naval de la época. Arranz no se limita a dibujar barcos; los hace navegar, transmitiendo al lector el peso de la madera crujiendo bajo el oleaje y la tensión de los cabos durante una maniobra de combate.

El uso del claroscuro y el entintado es otro de los pilares de la obra. Arranz utiliza manchas de negro profundo y un rayado magistral para crear atmósferas opresivas en los camarotes o la luminosidad cegadora de las costas caribeñas. La composición de la página es dinámica, huyendo de la cuadrícula rígida cuando la acción lo requiere, lo que otorga a las secuencias de abordaje y duelos a espada un ritmo cinematográfico. La anatomía humana y la expresividad de los rostros terminan de redondear un conjunto visual que buscaba elevar el estándar de lo que se consideraba "cómic de consumo" en España.

En definitiva, *El Capitán Judas* es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic de aventuras hacia terrenos más adultos y visualmente ambiciosos. Es una obra que respira salitre y pólvora, donde la aventura marítima sirve de vehículo para explorar la condición humana, la libertad individual frente al yugo de los imperios y la búsqueda de redención en un mundo que no perdona la debilidad. Para el lector contemporáneo, redescubrir esta obra supone encontrarse con un autor en la cima de sus facultades creativas, capaz de convertir cada viñeta en una lección de narrativa secuencial y rigor histórico. Es, en esencia, el testamento de una época dorada del dibujo español que no ha perdido ni un ápice de su fuerza visual.

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