El Angel de Notre-Dame

El Ángel de Notre-Dame es una de las cumbres artísticas de la historieta argentina, fruto de la colaboración entre dos de los mayores exponentes del medio: el guionista paraguayo Robin Wood y el dibujante argentino Enrique Alcatena. Publicada originalmente en las páginas de la mítica revista *Nippur Magnum* de Editorial Columba a principios de los años 90, esta obra se aleja de los cánones del cómic de aventuras tradicional para adentrarse en un terreno donde lo gótico, lo filosófico y lo fantástico se entrelazan de manera indisoluble.

La trama nos sitúa en el París medieval del siglo XV, una ciudad vibrante, oscura y contradictoria que late a la sombra de la majestuosa Catedral de Notre-Dame. El protagonista, que da nombre a la obra, es un ser enigmático y solitario: una criatura alada que habita en las alturas del templo, entre las gárgolas de piedra y los arbotantes. No es un ángel en el sentido estrictamente bíblico, ni tampoco un superhéroe; es un observador melancólico, un paria de naturaleza incierta que posee una belleza física tan imponente como inquietante.

La narrativa de Robin Wood se aleja aquí de la acción trepidante para centrarse en la introspección y en la observación de la condición humana. A través de los ojos del Ángel, el lector es testigo de las miserias y grandezas de los habitantes de París. El guion se estructura en relatos autoconclusivos que, sumados, construyen un fresco sobre la moralidad, el amor, la crueldad y la redención. El Ángel actúa a menudo como un catalizador silencioso o un protector invisible, interviniendo en la vida de mendigos, nobles, artistas y pecadores, siempre manteniendo esa distancia melancólica que le impone su propia existencia liminal.

El apartado visual de Enrique Alcatena es, sencillamente, magistral y constituye el alma de la obra. Su estilo, caracterizado por un detallismo obsesivo y una fuerte influencia del grabado clásico y el arte gótico, encuentra en Notre-Dame el escenario perfecto. Alcatena no se limita a dibujar una catedral; la convierte en un organismo vivo, un laberinto de sombras y texturas donde cada piedra parece tener una historia que contar. El diseño del Ángel es icónico: sus alas no son meros accesorios, sino estructuras orgánicas que transmiten tanto poder como fragilidad. El uso del blanco y negro (en sus versiones originales) resalta el juego de luces y sombras, acentuando la atmósfera opresiva de las calles parisinas frente a la libertad etérea de las alturas.

Uno de los puntos fuertes de la obra es el contraste constante. Wood y Alcatena juegan con la dualidad entre lo sagrado y lo profano, lo celestial y lo terrenal. Mientras que el Ángel representa una pureza estética y espiritual, el mundo a sus pies está sumergido en el barro, la peste y la injusticia. Sin embargo, la obra evita el maniqueísmo; el Ángel también sufre, duda y siente la carga de una soledad eterna, lo que lo humaniza a pesar de su apariencia divina.

En términos de ritmo, *El Ángel de Notre-Dame* exige una lectura pausada. No es un cómic que se consuma con rapidez, sino que invita a detenerse en la prosa poética de Wood y en la complejidad compositiva de Alcatena. La arquitectura de la catedral se vuelve un personaje más, un refugio que protege al protagonista del rechazo de una sociedad que teme lo que no comprende.

En definitiva, esta obra es un testimonio del potencial del cómic como forma de arte elevado. Es una fábula gótica que explora la soledad del "diferente" y la capacidad de encontrar belleza en un mundo oscuro. Para el lector, representa una oportunidad de sumergirse en una visión única de la Edad Media, donde la fantasía no sirve para escapar de la realidad, sino para examinarla con mayor profundidad. Es, sin duda, una pieza imprescindible para entender la madurez narrativa que alcanzó la historieta sudamericana en su época dorada.

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