El Abuelito, obra del autor barcelonés Juanjo Sáez, representa uno de los hitos más significativos y personales de la novela gráfica española de principios del siglo XXI. Publicada originalmente de forma serializada y posteriormente recopilada en un volumen integral, esta obra se aleja de los cánones tradicionales del cómic de aventuras o de género para adentrarse en el terreno de la autoficción y el ensayo emocional. A través de sus páginas, Sáez construye un tributo íntimo y descarnado a la figura de su abuelo, pero también una reflexión profunda sobre la memoria, el paso del tiempo y la identidad cultural de una España en transición.
Desde el punto de vista narrativo, el cómic se estructura como una sucesión de anécdotas, diálogos y reflexiones que el autor mantiene con su abuelo o que evoca a partir de sus recuerdos. No existe una trama lineal en el sentido clásico, sino más bien una exploración temática que gira en torno a la vejez y la sabiduría popular. El protagonista es un hombre que pertenece a una generación marcada por la posguerra, el trabajo duro y una visión del mundo pragmática y sencilla, que contrasta constantemente con la perspectiva más intelectualizada y moderna del nieto. Esta dialéctica generacional es el motor que impulsa la obra, permitiendo al lector observar cómo se transmiten los valores y cómo se transforman los miedos a lo largo de las décadas.
El estilo visual de Juanjo Sáez es, sin duda, el elemento más distintivo y, en su momento, más transgresor de la obra. Utilizando un trazo que muchos calificarían de "infantil" o "descuidado" —el famoso estilo de monigotes sin apenas rasgos faciales o fondos detallados—, el autor logra una expresividad que el dibujo académico a menudo no alcanza. Al despojar a los personajes de detalles superfluos, Sáez consigue que el lector se centre exclusivamente en la emoción y en el mensaje. El dibujo funciona aquí como una extensión de la escritura: es directo, honesto y carece de pretensiones estéticas vacías. Esta economía de medios visuales refuerza la sensación de cercanía, como si estuviéramos leyendo un diario personal o un cuaderno de apuntes tomado al vuelo.
Uno de los pilares fundamentales de *El Abuelito* es su capacidad para capturar la esencia de la cotidianidad. El cómic se detiene en los pequeños gestos: la forma de hablar, las frases hechas, las manías propias de la edad y la relación con los objetos cotidianos. A través de estos detalles, Sáez no solo retrata a un individuo concreto, sino que rinde homenaje a toda una generación de abuelos que, sin grandes gestas heroicas, sostuvieron el tejido social y familiar del país. La obra explora la decadencia física y cognitiva con una mezcla de ternura y crudeza, evitando caer en el sentimentalismo fácil, pero sin rehuir el dolor que conlleva la pérdida de la lucidez y la autonomía.
Temáticamente, el cómic también funciona como una crónica sociológica. Al narrar la vida del abuelo, Sáez toca tangencialmente temas como la migración interna, la transformación de los barrios obreros y el choque entre la tradición rural y la modernidad urbana. El abuelo representa un ancla con el pasado, un recordatorio de dónde venimos, mientras que el nieto simboliza la incertidumbre del presente. Esta conexión es vital para entender la obra no solo como una biografía familiar, sino como un ejercicio de introspección sobre la propia herencia cultural del autor.
En conclusión, *El Abuelito* es una obra esencial para comprender la evolución del cómic de autor en España. Su importancia radica en haber demostrado que el lenguaje de la historieta es perfectamente capaz de abordar temas complejos y profundamente humanos con una sencillez aparente. Es un cómic que apela a la empatía universal, ya que cualquier lector puede verse reflejado en esa relación de amor, incomprensión y aprendizaje mutuo entre un joven que busca su lugar en el mundo y un anciano que empieza a despedirse de él. Sin necesidad de artificios técnicos, Juanjo Sáez logra una obra de una honestidad brutal que permanece en la memoria mucho después de haber cerrado el libro.