Dyinn

*Djinn*, la monumental obra guionizada por Jean Dufaux e ilustrada por Ana Mirallès, se erige como uno de los pilares fundamentales del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente por la editorial Dargaud a partir del año 2001, esta serie no solo destaca por su exquisita factura técnica, sino por la ambición de una narrativa que entrelaza épocas, continentes y mitologías bajo el hilo conductor del deseo, el poder y la búsqueda de la identidad.

La estructura de la obra se divide en tres grandes ciclos —el Ciclo Otomano, el Ciclo de África y el Ciclo de la India—, sumando un total de trece álbumes que componen un tapiz histórico y sensorial. La premisa se articula a través de una narrativa dual que conecta dos tiempos distintos. Por un lado, seguimos los pasos de Kim Nelson en la época contemporánea. Kim es una joven que viaja a Estambul con el objetivo de reconstruir el pasado de su abuela, Jade, de quien apenas conserva una fotografía y una leyenda familiar cargada de misterio. Por otro lado, la trama nos traslada a los albores del siglo XX, en el ocaso del Imperio Otomano, para narrar la vida de la propia Jade, la favorita del harén del Sultán Negro.

El primer ciclo, el otomano, establece las bases de la serie. Aquí, el guion de Dufaux explora las intrigas políticas de una Turquía que se desmorona ante el avance de las potencias occidentales. Jade no es una simple concubina; es una mujer que comprende que su cuerpo y su magnetismo son herramientas políticas de primer orden. Su misión es seducir a un diplomático inglés para influir en el curso de la historia, mientras que, décadas después, su nieta Kim debe someterse a ritos de iniciación similares para heredar no solo la fortuna, sino el espíritu y el "poder" de la Djinn que habitaba en su abuela.

A medida que la serie avanza hacia el ciclo africano, el tono cambia drásticamente. La sofisticación de los palacios de Estambul da paso a la crudeza y el misticismo de un continente en pleno proceso de colonización. Aquí, la búsqueda de Kim se vuelve más salvaje y espiritual, enfrentándose a fuerzas ancestrales y a la herencia de una expedición en la que Jade participó años atrás. El cómic profundiza en la idea de la Djinn no solo como una figura seductora, sino como una entidad elemental vinculada a la tierra y a la magia negra.

Finalmente, el ciclo de la India cierra la epopeya trasladando la acción a un escenario de contrastes británicos e hindúes, donde los secretos de la familia Nelson y el destino final de Jade encuentran su resolución. A lo largo de toda la obra, el concepto de la "Djinn" actúa como una metáfora de la libertad femenina en entornos opresivos y como un puente entre lo tangible y lo sobrenatural.

El apartado gráfico de Ana Mirallès merece una mención especial por su rigor y belleza. Su capacidad para retratar la anatomía humana, la suntuosidad de las telas y la atmósfera de paisajes tan diversos como el desierto turco o la selva africana es excepcional. El uso de la acuarela y una paleta de colores que evoluciona con cada ciclo geográfico dota a la obra de una calidez orgánica que refuerza el erotismo elegante y la tensión dramática del guion. Mirallès logra que el lector sienta el calor, el polvo y el perfume de los escenarios, convirtiendo el entorno en un personaje más.

*Djinn* es, en definitiva, una exploración sobre la memoria histórica y el legado de las mujeres. Evitando los clichés del orientalismo más superficial, Dufaux y Mirallès construyen un relato complejo donde el pasado nunca muere, sino que se manifiesta en el presente a través de los ecos de la sangre. Es una obra imprescindible para entender la evolución del cómic de aventuras adulto, caracterizada por una documentación histórica impecable y una sensibilidad artística que trasciende el género. Sin recurrir a efectismos innecesarios, la serie mantiene un equilibrio constante entre el thriller histórico, el drama psicológico y el realismo mágico.

Deja un comentario