Dentro del vasto y cínico tapiz que conforma el universo WildStorm de finales de los años 90, pocos enfrentamientos encapsulan tan bien la filosofía de la "Image Age" como el choque titulado DV8 -Vs- BlackOps. Este arco argumental no es simplemente una batalla de fuerza bruta entre metahumanos, sino una colisión frontal entre dos metodologías de operaciones encubiertas, dos generaciones de guerreros y dos formas diametralmente opuestas de entender el control y la obediencia.
Para comprender la magnitud de este conflicto, es necesario situar a los protagonistas en su contexto editorial. Por un lado, tenemos a DV8 (los "Deviants"), un grupo de jóvenes Gen-Activos que sirven como el reverso oscuro y disfuncional de Gen¹³. Bajo la tutela de la implacable y manipuladora Ivana Baiul, los miembros de DV8 —Threshold, Bliss, Frostbite, Copycat, Evo, Sublime y Burnout— no son héroes en el sentido tradicional. Son adolescentes traumatizados, sociópatas en potencia y armas biológicas inestables que operan bajo el ala de International Operations (I.O.). Su poder es inmenso, pero su disciplina es nula, moviéndose siempre entre el nihilismo, la rebelión hormonal y la crueldad gratuita.
En el rincón opuesto se encuentra BlackOps, la encarnación del pragmatismo militar y la eficiencia fría. Si DV8 representa el caos de la juventud con superpoderes, BlackOps es la vieja guardia: hombres y mujeres endurecidos por décadas de conflictos invisibles, expertos en tácticas de guerrilla, sabotaje y eliminación sistemática. Mientras que los miembros de DV8 dependen de sus habilidades post-humanas para dominar el campo de batalla, los operativos de BlackOps dependen de la experiencia, el armamento de vanguardia y una falta absoluta de escrúpulos morales cuando se trata de cumplir un objetivo.
La premisa de este enfrentamiento surge de las grietas internas dentro de la propia estructura de I.O. En un mundo donde la información es la moneda de cambio más valiosa y la lealtad es un concepto obsoleto, los intereses de Ivana Baiul comienzan a divergir de las agendas ocultas de sus superiores. Lo que inicia como una misión de interceptación estándar se transforma rápidamente en una cacería humana de alta intensidad. El cómic explora la tensión inherente a esta persecución: ¿puede la experiencia táctica y el entrenamiento militar de élite de BlackOps neutralizar la fuerza bruta y los poderes impredecibles de un grupo de adolescentes que no tienen nada que perder?
Narrativamente, el encuentro destaca por su tono crudo y su ritmo frenético. El guion evita las florituras heroicas para centrarse en la logística del combate y la psicología de los personajes. Se nos muestra a unos DV8 que, a pesar de su arrogancia y poder, se ven superados por la disciplina de un enemigo que no juega bajo sus reglas. A su vez, BlackOps descubre que enfrentarse a los "Deviants" no es como luchar contra soldados convencionales; es enfrentarse a una fuerza de la naturaleza caprichosa y violenta que no responde a la lógica militar.
El apartado artístico refuerza esta dualidad. El diseño de los personajes de DV8, con su estética marcadamente noventera, agresiva y visualmente impactante, contrasta con el aspecto funcional, táctico y sombrío de los agentes de BlackOps. Las secuencias de acción están coreografiadas para resaltar esta diferencia: mientras los ataques de DV8 son explos