Duro, la obra magna del ilustrador y autor argentino Flavio Greco Paglia, se erige como una de las piezas más contundentes y visualmente abrumadoras del cómic de ciencia ficción y cyberpunk contemporáneo. Publicada originalmente tras un exitoso proceso de financiación colectiva y posteriormente editada por sellos como Hotel de las Ideas, esta novela gráfica no solo es un ejercicio de narrativa secuencial, sino un despliegue de diseño conceptual que redefine la estética de la distopía industrial.
La historia nos sitúa en un futuro indeterminado, en una megalópolis asfixiante que parece haber devorado cualquier rastro de naturaleza o humanidad compasiva. En este entorno de metal oxidado, cables expuestos y luces de neón mortecinas, conocemos al protagonista que da nombre a la obra: Duro. Duro no es solo un nombre, es una declaración de principios y una descripción física. Se trata de un hombre de dimensiones hercúleas, un mercenario o "solucionador" cuya anatomía parece haber sido forjada en una fundición más que nacida de un vientre. Su cuerpo, una amalgama de músculos hipertrofiados y cicatrices, es su principal herramienta de trabajo en un mundo donde la violencia es la única moneda de cambio con valor real.
La trama arranca con una premisa clásica del género *noir* trasladada al entorno futurista: un encargo aparentemente directo que arrastra al protagonista a las profundidades más oscuras de la pirámide social de la ciudad. Duro es contratado para recuperar algo —o a alguien—, pero lo que comienza como una misión de rutina se transforma rápidamente en un descenso a los infiernos. A medida que avanza, el protagonista debe enfrentarse no solo a bandas callejeras y fuerzas de seguridad corruptas, sino a una red de conspiraciones que involucra a las altas esferas del poder corporativo y tecnológico que rigen el destino de la urbe.
El mundo de *Duro* está regido por la ley del más fuerte y por una tecnología que, lejos de liberar al ser humano, lo ha esclavizado o deformado. Greco Paglia utiliza este trasfondo para explorar temas como la deshumanización, el peso del pasado y la supervivencia en un sistema que considera a los individuos como piezas desechables de una maquinaria infinita. El protagonista, un hombre de pocas palabras, se comunica a través de la acción, y es en ese silencio donde el lector debe descifrar la carga moral y el cansancio existencial que arrastra este gigante de carne y hueso.
Lo que realmente distingue a *Duro* de otras obras del género es su apartado visual. Flavio Greco Paglia, reconocido por su trabajo en la industria del cine y los videojuegos, traslada toda su pericia técnica a las viñetas. El nivel de detalle es obsesivo: cada panel está saturado de texturas que transmiten suciedad, humedad y pesadez. El diseño de personajes y de maquinaria bebe directamente del horror biomecánico y de la estética de artistas como H.R. Giger o Moebius, pero con una identidad propia, más robusta y visceral. La arquitectura de la ciudad es un personaje en sí mismo; una estructura laberíntica y opresiva que parece cerrarse sobre el protagonista a medida que la tensión aumenta.
Narrativamente, el cómic destaca por su ritmo cinematográfico. Las secuencias de acción son coreografías de una brutalidad seca y precisa, donde el impacto de cada golpe se siente real gracias al uso magistral de las sombras y el contraste. A pesar de la densidad visual, la lectura fluye con una claridad asombrosa, permitiendo que la atmósfera absorba al lector por completo.
En definitiva, *Duro* es una experiencia sensorial. Es un cómic que se siente pesado en las manos, no solo por su calidad física, sino por la gravedad de la historia que cuenta. Es un relato sobre la resistencia en un mundo que ha olvidado el significado de la palabra, protagonizado por un antihéroe que, a pesar de estar rodeado de metal y decadencia, conserva un núcleo de voluntad inquebrantable. Para los amantes de la ciencia ficción dura, el cyberpunk estético y el dibujo de alto nivel, esta obra es una referencia ineludible que