*Drumhellar*, publicada por Image Comics bajo el sello Shadowline, es una de las propuestas más visualmente estimulantes y narrativamente abstractas del cómic independiente estadounidense de la última década. Creada por el guionista Glen Brunswick y el artista Riley Rossmo, la serie se aleja de los tropos habituales del "detective de lo oculto" para sumergir al lector en una odisea psicodélica donde la realidad es maleable y los mitos caminan entre nosotros de forma casi cotidiana.
El protagonista, Drumhellar (o simplemente "Drum"), es un investigador paranormal que rompe drásticamente con el arquetipo del hombre atormentado en gabardina. Con su cabello rosado, su actitud despreocupada y una conexión casi biológica con lo sobrenatural, Drum opera más como un chamán moderno que como un detective privado convencional. Su método de investigación no se basa en la lógica deductiva tradicional, sino en la percepción sensorial alterada y en una comprensión instintiva de las corrientes místicas que fluyen bajo la superficie del mundo ordinario. Drum no solo ve lo que otros no pueden; él experimenta el mundo a través de un prisma de visiones inducidas que borran la frontera entre la alucinación y la verdad fáctica.
Drum no viaja solo en este periplo. Lo acompaña Harold, un gato espectral que sirve como su confidente y, a menudo, como la voz de la razón en medio del caos. La dinámica entre ambos aporta un contrapunto necesario a la naturaleza etérea de la trama. También destaca la presencia de Lupe, una mujer lobo y antigua amante de Drum, cuya relación añade una capa de complejidad emocional y tensión a la narrativa. Estos personajes secundarios no son meros accesorios; representan los vínculos de Drum con un pasado que parece tan fragmentado y misterioso como sus propias visiones.
La estructura de *Drumhellar* es deliberadamente episódica, pero está unida por un hilo conductor de misterio existencial. La trama arranca con Drum siendo arrastrado a resolver una serie de anomalías que involucran desde criaturas de pantanos hasta entidades ancestrales que reclaman su lugar en el presente. Sin embargo, el cómic no se detiene a explicar cada detalle