Driver for the Dead

Driver for the Dead es una miniserie de tres números publicada originalmente por Radical Comics, escrita por John Heffernan e ilustrada por el reconocido artista argentino Leonardo Manco. La obra se posiciona firmemente en la intersección del horror sobrenatural, el *noir* moderno y el género de la *road movie*, ofreciendo una narrativa que explora el folclore oscuro del sur de los Estados Unidos a través de una lente cinematográfica y descarnada.

La historia presenta a Alabaster Graves, un protagonista que se aleja de los arquetipos heroicos convencionales. Graves es un conductor especializado, pero su carga no es ordinaria: se encarga de transportar los restos de figuras prominentes del mundo de lo oculto, asegurándose de que los muertos lleguen a su destino final sin que sus secretos o sus poderes causen estragos en el mundo de los vivos. Alabaster opera desde una carroza fúnebre Cadillac de 1947, un vehículo modificado y equipado con artefactos esotéricos y protecciones místicas, diseñado para contener amenazas que la ciencia convencional no puede explicar.

El conflicto central se detona con la muerte de Moses Freeman, un legendario y centenario maestro del *hoodoo* en Luisiana. Freeman no era un hombre común; era un guardián de secretos ancestrales y poseedor de una energía espiritual inmensa. Tras su fallecimiento, Graves es contratado para recoger el cuerpo en un hospital de Nueva Orleans y trasladarlo a un santuario específico en el profundo sur, donde debe ser enterrado siguiendo rituales precisos para evitar que su poder sea usurpado.

En este viaje, Graves no está solo. Lo acompaña Fallow, la nieta de Moses Freeman, quien sirve como el ancla emocional de la historia y el nexo con el legado místico de su abuelo. La dinámica entre el cinismo curtido de Graves y la vulnerabilidad —pero creciente determinación— de Fallow impulsa el desarrollo de los personajes mientras recorren las carreteras secundarias de los estados del Golfo.

La amenaza principal encarna en la figura de Hickman, un nigromante despiadado y antiguo adversario de Freeman. Hickman busca interceptar el convoy fúnebre para reclamar el corazón de Moses, un órgano que, según las tradiciones oscuras que maneja, le otorgaría una longevidad y un poder sin precedentes. Esta persecución convierte la trama en una carrera contra el tiempo y contra fuerzas de ultratumba, donde el asfalto se mezcla con cementerios olvidados y pantanos neblinosos.

Visualmente, el cómic destaca por el trabajo de Leonardo Manco. Conocido por su etapa en *Hellblazer*, Manco utiliza un estilo hiperdetallado, cargado de sombras y texturas que refuerzan la atmósfera opresiva y visceral del relato. Su capacidad para renderizar lo grotesco y lo sobrenatural con un realismo sucio es fundamental para establecer el tono de la obra. Cada página transmite la humedad del pantano y la decrepitud de los entornos rurales, elevando el guion de Heffernan a una experiencia inmersiva.

*Driver for the Dead* no solo es un relato de acción y terror; es una exploración de la mitología del "Deep South" estadounidense. La obra utiliza elementos del vudú, el *hoodoo* y las leyendas urbanas de carretera para construir un universo donde la muerte no es el final, sino el inicio de un proceso logístico peligroso. La narrativa evita las florituras innecesarias, centrándose en la urgencia de la misión y en la construcción de un mundo donde la magia es real, peligrosa y, a menudo, requiere de un conductor experto para mantenerla a raya.

En resumen, este cómic es una pieza clave para los entusiastas del horror que buscan historias autoconclusivas con una identidad visual fuerte. La obra logra equilibrar la adrenalina de una persecución automovilística con la profundidad de un horror gótico moderno, consolidando

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