Dread Mac Farlane, creada por la autora francesa Marion Poinsot, es una de las revisiones más fascinantes y maduras del mito de Peter Pan dentro del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente por la editorial Clair de Lune, esta obra se aleja de las interpretaciones edulcoradas para sumergirse en una narrativa que combina la aventura pirata, la fantasía oscura y un profundo estudio sobre la identidad y el peso del legado familiar.
La premisa de la obra se sitúa años después de los eventos conocidos en la novela de J.M. Barrie. La protagonista que da nombre a la serie, Dread Mac Farlane, no es un personaje ordinario en el ecosistema de Nunca Jamás: es la hija biológica del mismísimo Capitán James Hook (Garfio) y de una hada. Esta naturaleza híbrida marca el núcleo del conflicto interno del personaje y sirve como motor para una trama que explora qué sucede cuando la inocencia eterna de la niñez choca frontalmente con las responsabilidades y las sombras de la vida adulta.
A diferencia de las versiones tradicionales donde Peter Pan es el héroe incuestionable, en el cómic de Poinsot la figura del "niño que no quería crecer" se presenta bajo una luz mucho más ambigua y, en ocasiones, inquietante. Peter es visto como una fuerza de la naturaleza caprichosa y cruel, cuya negativa a madurar lo convierte en un ser peligroso para quienes lo rodean. En este contexto, Dread se erige como una figura de resistencia. Ella no desea ser una "niña perdida" ni someterse a las reglas de un mundo que se niega a cambiar; su búsqueda es la de su propia voz en un entorno dominado por leyendas masculinas enfrentadas.
La narrativa se estructura a través de un viaje que lleva a la protagonista desde las cubiertas de los barcos piratas y las selvas de Nunca Jamás hasta el Londres victoriano. Este contraste entre el mundo onírico y la realidad gris y rígida de la Inglaterra de la época es fundamental para entender la evolución de Dread. La autora utiliza este desplazamiento geográfico y dimensional para tratar temas como el abandono, el resentimiento filial y la dificultad de encajar en una sociedad que exige etiquetas claras. Dread es demasiado humana para las hadas y demasiado mágica para los humanos, una paria que debe forjar su propio destino a través de la piratería y la determinación.
Desde el punto de vista visual, Marion Poinsot despliega un estilo que evoluciona notablemente a lo largo de los tomos. Su dibujo bebe de la estética del *BD* (bande dessinée) con influencias del manga en la expresividad de los rostros, pero manteniendo un rigor detallista en la ambientación *steampunk* y náutica. El diseño de personajes es soberbio: Dread posee una presencia imponente, alejándose de los tropos de la damisela en apuros para presentarse como una capitana capaz y atormentada. Los escenarios, por su parte, logran capturar esa dualidad de Nunca Jamás: un lugar de belleza exuberante que esconde peligros mortales en cada rincón.
El guion no teme abordar la violencia o la melancolía. La relación entre Dread y su padre, James Hook, es uno de los pilares emocionales de la obra. Hook no es aquí el villano de caricatura, sino un hombre cansado, marcado por su eterna derrota frente a Pan, que ve en su hija tanto una redención como un recordatorio de sus fracasos. Esta dinámica dota al cómic de una carga dramática que lo eleva por encima de la simple aventura de capa y espada.
En resumen, *Dread Mac Farlane* es una obra indispensable para quienes buscan una secuela espiritual y crítica del universo de Barrie. Es un cómic que respeta el material original pero tiene la valentía de deconstruirlo, ofreciendo una perspectiva femenina poderosa y necesaria sobre la libertad, el crecimiento personal y la ruptura con las cadenas del pasado. Sin recurrir a giros gratuitos, Poinsot construye una epopeya donde la verdadera magia no reside en volar, sino en tener el valor de decidir quién quieres ser cuando el polvo de hadas se ha disipado.