*Drain* es una obra que se sitúa en la intersección del horror visceral, la fantasía oscura y el género de venganza más puro. Publicada originalmente por Image Comics, esta miniserie de seis números es el resultado de la colaboración entre el guionista Joe Keatinge y la aclamada artista japonesa Sana Takeda. Para el lector contemporáneo, *Drain* representa un hito visual fundamental, ya que fue el proyecto que permitió al mundo descubrir el estilo pictórico y detallado de Takeda años antes de su consagración definitiva con *Monstress*.
La premisa de la obra nos presenta a Chinatsu, una mujer que ha pasado varios siglos consumida por un único objetivo: la retribución. La historia no pierde tiempo en establecer el tono; nos encontramos ante un relato de vampiros que se aleja radicalmente de las convenciones románticas o góticas tradicionales para abrazar una estética más cercana al *cyberpunk* y al *noir* sobrenatural. Chinatsu no es una depredadora que disfruta de su condición, sino una guerrera atrapada en una inmortalidad que nunca pidió y que utiliza como una herramienta para dar caza a aquel que le arrebató todo lo que amaba.
El núcleo narrativo de *Drain* se estructura a través de una dualidad temporal constante. Por un lado, somos testigos del pasado de Chinatsu en el Japón feudal, una época de samuráis, honor y tragedias sangrientas donde se forjó su destino. Por otro lado, la acción principal se desarrolla en un presente hipermoderno y decadente, una metrópolis saturada de luces de neón, suciedad y una aristocracia vampírica que se oculta tras el poder corporativo y los excesos de la vida nocturna. Esta transición entre eras permite al lector comprender el peso de los años sobre la protagonista; Chinatsu es un anacronismo viviente, una reliquia de un tiempo de espadas que ahora debe navegar por un mundo de armas de fuego y tecnología, sin perder nunca su esencia de guerrera.
El apartado artístico de Sana Takeda es, sin lugar a dudas, el pilar central de la experiencia. Su trabajo en *Drain* es una exhibición de maestría técnica donde cada viñeta parece una pintura al óleo digital. Takeda utiliza una paleta de colores que enfatiza la atmósfera opresiva de la historia: azules gélidos y grises metálicos para los entornos urbanos, que contrastan violentamente con rojos profundos y vibrantes cada vez que la sangre entra en escena. La violencia en el cómic es explícita y estilizada, tratada con una elegancia casi coreográfica que eleva las escenas de acción por encima del simple *gore*. El diseño de personajes