La adaptación al cómic de 'DRACULA', realizada por el guionista Roy Thomas y el dibujante Mike Mignola, no es simplemente una traslación más del mito vampírico al papel, sino una pieza de culto que se sitúa en la intersección perfecta entre el cine, la literatura clásica y el arte secuencial de vanguardia. Publicada originalmente en 1992 por Topps Comics para coincidir con el estreno de la película homónima de Francis Ford Coppola, esta obra ha trascendido su propósito promocional inicial para convertirse en un referente absoluto del género de terror en el noveno arte.
La narrativa, orquestada por el veterano Roy Thomas, sigue fielmente la estructura de la película, que a su vez intentaba recuperar el tono epistolar y la atmósfera de la novela original de Bram Stoker. Thomas, un experto en adaptar clásicos literarios y personajes de gran calado histórico, logra condensar la densa trama del film sin sacrificar la profundidad psicológica de los personajes. El guion nos transporta desde los sombríos paisajes de Transilvania hasta la vibrante y neblinosa Londres victoriana, manteniendo un ritmo que equilibra el romance trágico, el horror visceral y el suspense metafísico. La historia se centra en el viaje de Jonathan Harker al castillo del Conde Drácula y las consecuencias devastadoras que este encuentro desencadena sobre su prometida, Mina Murray, y su círculo cercano.
Sin embargo, el elemento que eleva esta obra a la categoría de obra maestra es, sin duda, el apartado visual de Mike Mignola. En este cómic, Mignola se encontraba en un momento crucial de su carrera, justo antes de dar vida a su creación más famosa, *Hellboy*. Aquí ya se percibe la madurez de su estilo característico: un uso magistral del claroscuro, donde las sombras no son solo la ausencia de luz, sino elementos narrativos con peso propio. El dibujo de Mignola captura la esencia del expresionismo alemán, utilizando formas angulares y composiciones de página que evocan una sensación constante de opresión y fatalidad. Cada viñeta está cargada de una atmósfera gótica que parece exudar frío y humedad, logrando que el lector se sumerja en una estética donde lo sobrenatural se siente tangible.
El diseño de personajes merece una mención aparte. Mignola toma las referencias visuales de la película —incluyendo los icónicos vestuarios diseñados por Eiko Ishioka— y los reinterpreta a través de su prisma personal. El Conde Drácula es retratado en sus diversas formas con una elegancia macabra, logrando que su presencia en la página sea imponente y aterradora a la vez. El entintado de John Nyberg complementa perfectamente los lápices de Mignola, reforzando la solidez de los negros y la textura de los ambientes decadentes.
Esta edición específica, recuperada y preservada por la labor de Hunterwasser y Baalelcanita para el grupo HTA, representa un esfuerzo fundamental por mantener viva la memoria de un material que, durante años, fue difícil de conseguir debido a problemas de derechos relacionados con la licencia cinematográfica. Gracias a este trabajo de restauración digital y traducción, los lectores hispanohablantes pueden acceder a una versión que respeta la integridad artística de la obra original, permitiendo apreciar cada detalle del trazo de Mignola y la precisión del guion de Thomas.
En conclusión, 'DRACULA' de Thomas y Mignola es una obra imprescindible. No solo funciona como la mejor adaptación al cómic de la visión de Coppola, sino que se sostiene por sí misma como una de las representaciones más potentes y visualmente fascinantes del vampiro más famoso de la historia. Es un ejercicio de estilo donde el horror se vuelve arte, y donde la narrativa secuencial demuestra su capacidad para capturar la inmortalidad de una leyenda. Para cualquier estudioso del cómic o amante del género gótico, esta es una lectura obligatoria que define una época y un estilo inconfundible.