Dos Americanos en Europa: Una Odisea de Carcajadas y Caos por el Viejo Continente
Dentro del vasto y disparatado universo creado por el genio del cómic español, Francisco Ibáñez, existen aventuras que logran capturar a la perfección la esencia de una época y la idiosincrasia de sus personajes. *Dos Americanos en Europa*, publicada originalmente en 1980, es una de esas piezas fundamentales que todo coleccionista y amante del noveno arte debe conocer. En esta entrega, Mortadelo y Filemón, los agentes más ineficientes pero persistentes de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea), se embarcan en una misión internacional que los llevará a recorrer las principales capitales europeas, dejando a su paso un rastro de destrucción, malentendidos y, sobre todo, un humor incombustible.
La premisa de la historia arranca, como es habitual, en el despacho del "Súper". El superintendente Vicente, siempre al borde de un ataque de nervios, encomienda a nuestros protagonistas una tarea aparentemente sencilla pero de vital importancia diplomática: deben escoltar y proteger a un matrimonio de turistas estadounidenses, los señores Thompson, durante su viaje por Europa. El motivo de tal despliegue de seguridad es que se sospecha que la pareja posee, sin saberlo, unos microfilmes con secretos de estado de altísima importancia que diversas organizaciones criminales intentarán sustraer a toda costa.
Lo que sigue es una estructura narrativa clásica de Ibáñez, dividida en capítulos que funcionan como etapas de un accidentado "tour" turístico. Desde las brumosas calles de Londres hasta los canales de Venecia, pasando por la elegancia de París y la historia de Roma, los agentes de la T.I.A. intentarán pasar desapercibidos mientras vigilan a los Thompson. Sin embargo, la discreción no es precisamente el fuerte de Mortadelo, cuyos constantes y surrealistas disfraces —que van desde un buzón de correos hasta un monumento nacional— suelen atraer más atención de la necesaria, ni de Filemón, cuya paciencia se ve puesta a prueba en cada viñeta.
El corazón de *Dos Americanos en Europa* reside en el choque cultural y en la sátira del turismo de masas. Ibáñez utiliza a los turistas estadounidenses como el arquetipo del visitante despistado, ruidoso y completamente ajeno a los peligros que le rodean. Mientras los agentes se enfrentan a espías internacionales, caen por precipicios o sufren las consecuencias de los inventos fallidos del profesor Bacterio, los Thompson continúan su viaje con una sonrisa imperturbable, quejándose de nimiedades o maravillándose por los aspectos más absurdos de la cultura europea. Este contraste genera un ritmo cómico frenético donde el lector es testigo de una batalla campal en segundo plano mientras los protegidos disfrutan de un helado en primer plano.
Visualmente, el cómic muestra a un Ibáñez en su etapa de madurez artística. Las viñetas están abarrotadas de detalles, los famosos "gags" de fondo (ratones con pancartas, arañas fumando, objetos imposibles en las esquinas) que invitan a una relectura constante. La expresividad de Filemón, con sus ojos desorbitados y sus extremidades anudadas tras una explosión, alcanza aquí cotas de dinamismo magistrales. Además, la representación