Hablar de Don Miki Vol. 1 no es simplemente referirse a un tebeo antiguo; es invocar el nacimiento de un fenómeno cultural que transformó el panorama del cómic infantil y juvenil en la España de la Transición. Publicado originalmente en octubre de 1976 por la editorial Montena, este primer número marcó el inicio de una era dorada para los personajes de Walt Disney en el mercado hispanohablante, adoptando un formato que rompería moldes y crearía una legión de coleccionistas incondicionales.
Desde una perspectiva de experto, lo primero que destaca de este volumen es su herencia. Aunque los personajes son de origen estadounidense, el alma de *Don Miki* es profundamente europea, concretamente italiana. La revista fue la adaptación española de la mítica publicación *Topolino* de la editorial Mondadori. Este primer número introdujo en España el "formato bolsillo" o *digest*, un tamaño manejable, robusto y cargado con más de cien páginas de contenido, lo que lo diferenciaba radicalmente de los álbumes de tapa blanda o las revistas de formato grande de la época, como las de la editorial Bruguera.
La sinopsis de este primer volumen nos sitúa en un universo vibrante donde la aventura y el humor cotidiano convergen. En sus páginas, el lector no solo encuentra a un Mickey Mouse aventurero, sino que se sumerge en la compleja cosmología de Patolandia y Ratonia. El volumen 1 establece las bases de lo que sería la tónica de la serie: historias autoconclusivas de una calidad narrativa sorprendente, donde el misterio y la comedia se entrelazan con una agilidad magistral.
El contenido de este número inaugural presenta a Mickey en su faceta más icónica de la escuela italiana: el detective aficionado y ciudadano ejemplar que, junto a su inseparable y fiel (aunque a veces torpe) amigo Goofy, se enfrenta a enigmas que desafían la lógica. Pero el protagonismo es compartido. El Pato Donald, con su sempiterna mala suerte y su temperamento volátil, protagoniza relatos que exploran la frustración cómica y la resiliencia, a menudo acompañado por sus sobrinos Jaimito, Juanito y Jorgito, quienes aportan el contrapunto de ingenio y sensatez.
Uno de los mayores atractivos de este primer volumen es la introducción del Tío Gilito (Scrooge McDuck). A través de las historias de la escuela italiana, los lectores españoles descubrieron una profundidad en el personaje que iba más allá de su simple tacañería; se nos presenta como un aventurero incansable, un filósofo del esfuerzo y el eje de tramas épicas que llevan a la familia de patos a los rincones más remotos del globo en busca de tesoros perdidos o defendiendo su mítico depósito de dinero de los ataques de los Golfos Apandadores.
Artísticamente, el Vol. 1 de *Don Miki* es una clase magistral de narrativa visual. En estas páginas se pueden apreciar los trazos de maestros como Romano Scarpa o Giorgio Cavazzano (aunque a menudo no estuvieran acreditados individualmente en aquella época). Estos autores dotaron a los personajes de una expresividad y un dinamismo que superaba las tiras de prensa americanas originales. El uso del color, la composición de las viñetas y el ritmo cinematográfico de las historias hicieron que este primer número se sintiera moderno, fresco y adictivo.
Además de las historietas, este volumen inaugural sentó el precedente de incluir secciones de pasatiempos, curiosidades y correo del lector, lo que fomentaba un sentido de comunidad que sería vital para la longevidad de la revista (que superó los 800 números). Era una revista que se sentía "viva", un objeto de deseo que cada semana prometía una ventana a un mundo de fantasía con una calidad de producción superior a la media del quiosco español de mediados de los 70.
En conclusión, el Volumen 1 de Don Miki es la piedra angular de un edificio nostálgico y artístico sin parangón. No es solo la presentación de Mickey y sus amigos; es la declaración de intenciones de una forma de entender el cómic infantil: inteligente, visualmente estimulante y capaz de tratar al joven lector con respeto, ofreciéndole tramas de intriga, viajes y humor que no han envejecido ni un ápice. Para el coleccionista, es el "Grial" que dio comienzo a la "Generación Don Miki"; para el historiador, es el documento que profesionalizó el formato *