El tercer volumen de la serie regular de *Doctor Who* publicada por IDW Publishing (2012-2013) representa uno de los periodos más ambiciosos y visualmente distintivos de la franquicia en el noveno arte. Esta etapa se sitúa cronológicamente durante la era del Undécimo Doctor, capturando con precisión la energía hiperactiva, la curiosidad insaciable y la oscuridad subyacente que caracterizaron la interpretación de Matt Smith en la televisión. Bajo la dirección inicial del guionista Andy Diggle y el aclamado dibujante Mark Buckingham, este volumen no solo busca replicar la fórmula de la serie de la BBC, sino expandir su mitología mediante una narrativa que aprovecha las posibilidades ilimitadas del medio impreso.
La trama comienza situando al Doctor junto a sus inseparables compañeros, Amy Pond y Rory Williams. La dinámica del "Trío de la TARDIS" está plenamente establecida, lo que permite que el cómic se sumerja directamente en la acción sin necesidad de preámbulos extensos. El volumen se estructura a través de arcos argumentales interconectados que funcionan como "episodios de alto presupuesto" que serían imposibles de realizar en pantalla. El primer arco importante, titulado *The Hypnotist’s Mirror*, establece el tono de la serie: una mezcla de misterio histórico, ciencia ficción de vanguardia y el sentido de maravilla propio de la era de Steven Moffat.
A lo largo de sus páginas, el Doctor se enfrenta a una variedad de amenazas que desafían su intelecto y su ética. Desde investigaciones en el Londres de la época victoriana hasta conflictos en planetas alienígenas con ecosistemas imposibles, el guion de Diggle (y posteriormente de autores como Joshua Hale Fialkov) mantiene un ritmo vertiginoso. Uno de los puntos fuertes de este volumen es cómo maneja la continuidad; aunque es accesible para nuevos lectores, está plagado de referencias y elementos que resuenan con la historia del Señor del Tiempo, explorando las consecuencias de sus viajes y la carga que supone ser el último de su especie.
El apartado artístico merece una mención especial. La incorporación de Mark Buckingham, conocido por su trabajo en *Fables*, aporta una estética detallada y ligeramente fantástica que encaja a la perfección con el tono de "cuento de hadas moderno" del Undécimo Doctor. Su capacidad para plasmar la expresividad facial de los protagonistas permite que el lector reconozca los tics y gestos de los actores originales, mientras que su diseño de naves, monstruos y paisajes alienígenas dota al cómic de una identidad visual propia, alejada del fotorrealismo rígido de otras adaptaciones.
Narrativamente, el volumen 3 de IDW se aleja de las historias autoconclusivas simples para tejer una red de misterios más complejos. Se exploran temas como la percepción de la realidad, la manipulación de la memoria y las paradojas temporales que son marca de la casa. La serie también se permite experimentar con el formato, incluyendo historias que varían en tono, desde el terror gótico hasta la comedia de enredos espacial, manteniendo siempre al Doctor como el eje gravitacional que resuelve el caos mediante la palabra y el ingenio en lugar de la fuerza.
Este volumen es fundamental para entender la transición de la licencia de *Doctor Who* en el mundo del cómic, ya que fue la última